Sin Alvise, el partido de Abascal habría superado el 20% y los 18 diputados: los votos inútiles de SALF solo han servido para oxigenar a Sánchez y al PSOE
VOX vuelve a demostrar que es la única fuerza capaz de crecer en un territorio clave. El partido liderado por Santiago Abascal ha aumentado 1,5 puntos porcentuales y se ha acercado peligrosamente al 19% de los votos. Las encuestas serias le daban un sólido 20% y 17 escaños. Sin embargo, se ha quedado en 14. ¿La razón? Tres escaños perdidos por un puñado de votos que fueron directamente a parar al PSOE.
Esos votos no se evaporaron por arte de magia. Fueron absorbidos por Se Acabó La Fiesta (SALF) de Alvise Pérez, un proyecto que ha quedado en ridículo porcentual pero que ha cumplido a la perfección el papel de “divide y vencerás” que tanto beneficia a la izquierda.
Ridículo de los votantes de las ardillas
Sin las “ardillas” —como se conoce coloquialmente a sus votantes—, VOX habría superado ampliamente el 20% y habría rozado los 18 escaños. La matemática es implacable: cada voto a SALF ha sido un voto regalado a Pedro Sánchez y al PSOE.
Porque hoy la izquierda española es solo PSOE. Sánchez ha fagocitado a Sumar y a Podemos exactamente como anunció. Ha concentrado todo el voto de la extrema izquierda en un solo partido ultra socialcomunista que sigue en caída libre y tocando fondo en las autonómicas.
Mientras tanto, en el bloque patriótico se ha abierto una brecha bestial: la derecha suma más que nunca, pero se fragmenta por capricho de quien solo busca protagonismo.
Y no es solo un problema numérico. Votar SALF es votar contra la salud de la derecha patriótica. Alvise Pérez arrastra casos de presunta corrupción, problemas judiciales y un historial de promesas incumplidas que ya han sido denunciados públicamente.
De SALF a Pedro Sánchez
Sus votantes, muchos de ellos hartos con razón, han sido utilizados como carne de cañón para que el PSOE conserve escaños que, de otro modo, habrían pasado a VOX. Esos votos han terminado en la “basura” del socialismo, oxigenando a Sánchez y permitiéndole seguir destruyendo España desde el Gobierno.
VOX, en cambio, sale reforzado. Crece en votos, consolida su mensaje y demuestra que es la única alternativa seria y unida frente al sanchismo. La lección de Castilla y León es clara: quien vota SALF no vota contra el sistema… vota para el sistema. Vota para que Sánchez siga gobernando con los restos de la izquierda radical.
El mensaje patriótico es uno solo: VOX o Sánchez. Todo lo demás es ayudar al enemigo. Castilla y León lo ha dejado escrito con números: el ascenso de VOX es imparable. Solo hace falta que el voto de la derecha patriótica deje de regalarse al primero que pasa.












