El Ministerio liderado por Marlaska está abandonando a la Benemérita
La Guardia Civil combate el narcotráfico y el crimen organizado con recursos materiales en estado crítico, consecuencia directa de años de falta de inversión por parte del Ministerio del Interior. Así lo pone de manifiesto un informe reciente del Tribunal de Cuentas, recogido por El Español, que alerta de una insuficiencia estructural que afecta a embarcaciones, aeronaves, vehículos terrestres y armamento.
Patrulleras fuera de servicio y sobrecostes constantes
En el ámbito marítimo, el Instituto Armado cuenta con algo más de medio centenar de patrulleras, además de buques y embarcaciones auxiliares. Sin embargo, la mayoría ha superado con creces su vida útil. A finales de 2024, el 40 % de las lanchas de vigilancia permanecía inoperativa, ya fuera por averías o por estar en tareas de mantenimiento.
El Tribunal de Cuentas señala que muchos de estos medios presentan diseños anticuados, dificultades para encontrar repuestos y fallos mecánicos recurrentes, lo que eleva de forma progresiva los costes de mantenimiento y reduce la eficacia operativa frente a las redes del narcotráfico.
Riesgos mortales para los agentes
La precariedad de los medios no es solo una cuestión técnica, sino también un problema de seguridad. En la bahía de Barbate, dos guardias civiles perdieron la vida en 2024 tras ser embestidos por una narcolancha. Los agentes operaban desde una embarcación ligera debido a que las patrulleras asignadas no estaban disponibles, un hecho que evidenció las consecuencias más graves de esta falta de recursos.
Aeronaves con hasta 40 años de antigüedad
El informe también advierte sobre el envejecimiento de la flota aérea. Actualmente, la Guardia Civil dispone de poco más de una treintena de helicópteros y únicamente tres aviones, con una antigüedad media elevada. Algunas aeronaves superan los 40 años de servicio, pese a que fueron diseñadas para periodos mucho más cortos.
El Ministerio del Interior prevé retirar varias unidades en los próximos meses debido a su obsolescencia, lo que reducirá aún más la capacidad de vigilancia aérea, clave en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
Vehículos antiguos y soluciones provisionales en tierra
En tierra firme, la situación no es más alentadora. Una parte significativa del parque móvil supera los 15 años de antigüedad o los 300.000 kilómetros recorridos, lo que incrementa tanto el riesgo operativo como el gasto en reparaciones.
Además, la Guardia Civil depende en muchos casos de vehículos alquilados o procedentes de incautaciones, una fórmula que el Tribunal de Cuentas considera inviable a largo plazo. La incorporación reciente de coches híbridos y eléctricos, financiados con fondos europeos, presenta limitaciones operativas, especialmente en zonas rurales por la escasez de puntos de recarga.
Armamento desfasado y falta de modernización
El deterioro también alcanza al armamento. Casi la mitad de los fusiles de asalto en servicio tiene más de 35 años, una cifra que evidencia la ausencia de una estrategia continuada de renovación. El informe subraya que el Ministerio del Interior, bajo la dirección de Fernando Grande-Marlaska, invierte actualmente menos en equipamiento policial que a finales de los años 2000, obligando a prolongar el uso de material claramente superado.
Dependencia de fondos europeos y advertencia institucional
El Tribunal de Cuentas concluye que la financiación ordinaria es insuficiente para renovar de forma sistemática los medios tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional. La reposición se realiza de manera puntual y depende cada vez más de fondos europeos, que han pasado de ser un complemento a convertirse en un elemento imprescindible. Esta situación, advierte el organismo, pone en riesgo la capacidad del Estado para garantizar la seguridad.
Reivindicaciones de las asociaciones profesionales
Las asociaciones profesionales de la Guardia Civil llevan meses denunciando este escenario. Reclaman un plan plurianual de inversiones, la renovación continua del parque móvil, la modernización del armamento y un refuerzo urgente de los medios marítimos y aéreos.
A su juicio, enfrentarse a organizaciones criminales cada vez mejor equipadas con material obsoleto no es solo un problema presupuestario, sino una forma de abandono institucional que sitúa a la Guardia Civil en clara desventaja en la lucha contra el narcotráfico.












