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La OCU destapa el fraude de ciertos roscones de reyes esta Navidad

La tradición manda desayunar Roscón de Reyes, pero lo que la industria alimentaria pone en tu mesa tiene poco de tradicional y mucho de laboratorio. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha lanzado una alerta contundente tras analizar los roscones de los principales supermercados españoles. El veredicto es desolador: nos están vendiendo repostería industrial de baja calidad disfrazada de artesanía navideña, cargada de aditivos y grasas baratas que nada tienen que ver con la receta original.

El principal fraude está en el relleno. Se supone que es nata. Nata de leche de vaca. Sin embargo, el análisis revela que casi la mitad de los roscones analizados no utilizan nata 100%. En su lugar, recurren a un cóctel de grasas vegetales de bajo coste como palma, coco, nabina o palmiste. Es más barato para el fabricante, pero un engaño al paladar y a la salud del consumidor, que paga precio de nata por grasa de palma.

Cóctel químico: Colorantes y conservantes a granel

Si el relleno es cuestionable, la masa y la decoración no se quedan atrás. La OCU denuncia un «abuso de aditivos». La fruta escarchada, que muchos apartan, es una bomba de colorantes artificiales para que luzca brillante y apetecible. Además, para que el roscón aguante semanas en la estantería (o meses congelado), se le inyectan conservantes, emulsionantes y agentes de textura que convierten un bollo que debería endurecerse en dos días en una esponja eterna.

El resultado organoléptico es evidente: aromas artificiales a agua de azahar (que no ven la flor ni de lejos) y texturas gomosas que se alejan años luz de la fermentación lenta artesanal. Estamos sacrificando calidad por comodidad y precio, alimentando una industria que prioriza el margen de beneficio sobre la honestidad, algo similar a lo que vemos en las denuncias sobre seguridad vial defectuosa: productos que prometen lo que no dan.

Lo barato sale caro a tu salud

La OCU no dice que no comas roscón, sino que sepas lo que compras. Un roscón artesano con mantequilla y nata de verdad cuesta dinero y tiempo. El del supermercado a 6 euros es un milagro químico. En un momento en que la preocupación por la alimentación saludable crece, seguir consumiendo estas bombas de grasas saturadas bajo la excusa de la tradición es un error.

Al igual que exigimos transparencia en los fondos donde ponemos nuestros ahorros, como los que triunfan en Finect, deberíamos exigirla en lo que metemos en nuestro cuerpo. Esta Navidad, mira la etiqueta. Si lees «grasa de palma» o «aroma de», quizás sea mejor dejarlo en la estantería.

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