Contra todo pronóstico pesimista, 2025 se despide con los deberes hechos y nota alta en la asignatura económica. El temido aterrizaje forzoso no ha llegado. En su lugar, vivimos un «rally de Santa Claus» que ha llevado a Wall Street a tocar máximos históricos justo antes de las uvas. El Dow Jones y el S&P 500 celebran récords, impulsados por la certeza de que la Reserva Federal (FED) seguirá bajando tipos y regando el mercado de liquidez.
La economía global, lejos de griparse, muestra una resiliencia envidiable. Tras superar la inflación desbocada, el mundo entra en 2026 con perspectivas de crecimiento sólido. Los beneficios empresariales crecen a doble dígito y el capital fluye hacia sectores estratégicos. No es optimismo ciego; son datos. El dinero, que es el ente más cobarde del mundo, ha decidido que es hora de salir de la cueva.
Sectores ganadores para 2026: Dónde poner la bala
Los gestores de fondos ya tienen sus apuestas claras para el nuevo ciclo. La banca, beneficiada por la normalización monetaria, vuelve a estar de moda. La tecnología y la ciberseguridad siguen siendo imprescindibles en un mundo digitalizado y amenazado por ciberataques cada vez más sofisticados. Pero ojo a la defensa y el lujo. En un mundo geopolíticamente inestable, el gasto militar se dispara (Santander ya entra en la financiación de defensa europea), y el lujo demuestra ser inmune a las crisis, con LVMH como estandarte.
En el ámbito nacional, empresas como Renfe firman la paz con sus proveedores para renovar flota, y el sector telecomunicaciones ve cómo Digi sigue devorando cuota de mercado, obligando a repensar infraestructuras. España aguanta el tipo, aunque siempre con la espada de Damocles de la deuda pública sobre la cabeza.
Argentina: el laboratorio de la recuperación
Mención especial merece el experimento argentino. Tras el ajuste brutal de 2023-2024, la economía de Milei empieza a ver la luz. Aunque octubre mostró una ligera contracción mensual, el dato interanual crece un 3,3%. Los CEOs argentinos, curtidos en mil batallas, ven 2026 con un optimismo cauto, esperando un crecimiento del 3%. Si Argentina logra estabilizarse, será la prueba definitiva de que la ortodoxia liberal funciona mejor que la máquina de imprimir billetes.
Entramos en un 2026 decisivo. Con los bancos centrales cediendo el protagonismo y la política volviendo al centro del escenario, la economía parece lista para despegar. Eso sí, siempre que un cisne negro no aparezca para aguar la fiesta. De momento, el dinero celebra. Y como dicen en el parqué: «La tendencia es tu amiga».












