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Irán vive su undécimo día de protestas con casi 40 muertos y miles de arrestos

El régimen de los ayatolás se enfrenta a una grave crisis que amenaza con su caída

Las protestas en Irán continúan intensificándose y ya alcanzan su undécima jornada consecutiva, en un contexto de fuertes enfrentamientos entre manifestantes contrarios al Gobierno y las fuerzas de seguridad del país.

Durante las últimas horas, dos agentes de policía murieron por disparos en la ciudad de Lordegan, ubicada en el suroeste del país, un suceso que elevó aún más la tensión en una jornada marcada por disturbios, uso de gases lacrimógenos y disparos en distintos puntos del territorio iraní. Imágenes compartidas en redes sociales muestran choques nocturnos, barricadas y calles bloqueadas en varias localidades.

Las manifestaciones comenzaron a finales de diciembre, impulsadas inicialmente por el desplome de la moneda nacional y el aumento del coste de la vida. Sin embargo, con el paso de los días, las protestas en Irán han evolucionado hacia un movimiento de carácter político, con consignas dirigidas contra el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. En algunos actos aislados también se han escuchado mensajes de respaldo a la dinastía Pahlevi, actualmente en el exilio.

Organizaciones y observadores de derechos humanos calculan que al menos 34 manifestantes y cuatro miembros de las fuerzas de seguridad han perdido la vida desde el inicio de las movilizaciones. Asimismo, más de 2.200 personas han sido detenidas, aunque las cifras exactas varían y son difíciles de verificar debido a las restricciones informativas y a los cortes intermitentes de internet en el país.

La respuesta del Gobierno iraní ha sido ambivalente. Mientras asegura que respetará las protestas pacíficas y se compromete a abordar las demandas económicas, las autoridades también han advertido de sanciones rápidas y severas contra quienes consideran responsables de actos violentos, a los que califican de “alborotadores”.

Estos disturbios representan el mayor estallido social desde las protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial, un episodio que ya puso de manifiesto el profundo descontento social existente. Analistas coinciden en que factores como la inflación persistente, el desempleo, la corrupción y la represión política continúan alimentando una frustración social que vuelve a expresarse con fuerza en las calles de Irán.

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