En las últimas semanas, mujeres en toda Irán han vuelto a convertirse en símbolo de resistencia frente a décadas de represión política, social y de género. Centenares de personas, especialmente mujeres jóvenes, han tomado las calles en protestas que combinan demandas por derechos básicos y dignidad con un desafío frontal a un régimen clerical profundamente misogino.
Sin embargo, lejos de resonar con fuerza en los foros del feminismo institucional en España, esta lucha ha encontrado un silencio inquietante entre algunas de las figuras y organizaciones públicas más visibles del movimiento feminista español.
Protestas intensas bajo riesgo extremo
Desde hace más de dos semanas, las manifestaciones en Irán han crecido en intensidad y extensión, con protestas en las 31 provincias del país. Estas movilizaciones, que comenzaron por la crisis económica y la devaluación del rial, han acabado encarnando un rechazo más amplio al sistema político teocrático que oprime las libertades individuales y colectivas.
Las autoridades han respondido con una represión violenta: al menos 116 personas han muerto y más de 2.600 han sido detenidas en el marco de estas protestas, según datos de activistas de derechos humanos. Las fuerzas de seguridad también han impuesto cortes generalizados de internet y comunicaciones para impedir la difusión de lo que está ocurriendo dentro del país.
En el epicentro de estas protestas están las mujeres. Su valentía se expresa en actos que desafían directamente las imposiciones más simbólicas y coercitivas del régimen, como el uso obligatorio del hijab o la sumisión a las estrictas normas de conducta pública. Gestos como retirarse el velo en las plazas y calles de Irán se han convertido en una forma de resistencia visible, con mujeres enfrentando arrestos, tortura y amenazas contra sus propias vidas.
In protest of Sharia rule imposed by cruel Ayatollahs, Iranian women threw burqa and hijab into fire. pic.twitter.com/lBF2rY9Hur
— Salah Uddin Shoaib Choudhury (@salah_shoaib) January 10, 2026
Para muchas personas en Irán y en la diáspora, estas acciones no son solo expresiones de descontento social: son una rebelión feminista contra un sistema que ha instrumentalizado la religión para controlar y subyugar a la mitad de la población. Las consignas de los manifestantes y la histórica consigna “Mujer, Vida, Libertad” —nacida tras la muerte de Mahsa Jina Amini en 2022 bajo custodia policial— siguen resonando en estas movilizaciones como recordatorio de que la lucha por los derechos de las mujeres en Irán continúa.
Silencio en el feminismo institucional español
Mientras todo esto ocurre, la respuesta desde el feminismo “oficial” en España ha sido, en muchos casos, sorprendentemente tibia o inexistente. Declaraciones públicas de figuras relevantes del movimiento feminista español —con liderazgo en partidos políticos o instituciones de igualdad— han brillado por su ausencia.
En medios y redes sociales se ha puesto el foco, por ejemplo, en la falta de pronunciamiento de la exministra de Igualdad Irene Montero, cuyo silencio ante la rebelión de las mujeres iraníes ha suscitado críticas crecientes.
La crítica no viene solo de sectores conservadores. Muchos seguidores de la causa feminista han manifestado perplejidad: ¿por qué no se levanta la voz con firmeza por unas mujeres que arriesgan cárceles, torturas o incluso muerte al desafiar una dictadura teocrática? Para algunos, esta falta de respuesta real desde las plataformas institucionales del feminismo español revela una selectividad moral preocupante, en la que algunas causas internacionales quedan relegadas cuando no encajan con un marco ideológico concreto.
El contraste es marcado con el activismo de organizaciones internacionales de derechos humanos que, aun sin ser parte de la denominada “marea feminista institucional”, han condenado sistemáticamente las violaciones de derechos contra mujeres iraníes y llamado a acciones concretas a nivel global. Por ejemplo, la organización Equality Now ha expresado reiteradamente su solidaridad con las mujeres de Irán y ha abogado por mecanismos internacionales para responsabilizar al Estado iraní por violaciones de derechos fundamentales.
¿Qué está en juego?
No se trata de una protesta aislada ni de un conflicto interno que deba interpretarse únicamente bajo una óptica económica o política. Para una gran parte de las participantes, esta es una lucha por la libertad de ser mujer; por el derecho a decidir sobre la propia vida, cuerpo y futuro. La valentía de las mujeres iraníes ha movilizado a activistas en todo el mundo y ha impulsado discusiones más amplias sobre cómo las mujeres en entornos autoritarios confrontan fuerzas que buscan negarles agencia.
Ante esto, el silencio o la respuesta insuficiente del feminismo institucional español ha abierto un debate profundo: ¿qué representa realmente el feminismo dominante? ¿Puede llamarse feminismo un movimiento que no articula su voz con fuerza cuando mujeres están literalmente arriesgando sus vidas por derechos básicos?
La pregunta, lanzada por muchos en redes y espacios críticos, no es retórica. En un momento en que los valores de igualdad y derechos universales son puestos a prueba, la coherencia para defenderlos no solo en casa, sino también cuando enfrentan represión extrema en otras latitudes, define no solo la credibilidad de un movimiento, sino su compromiso con la justicia global.












