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La flota andaluza dice basta – Amarre masivo contra las exigencias suicidas de la UE

La flota de bajura andaluza ha dicho basta. Desde este lunes, los puertos de **Huelva, Cádiz y Málaga** han paralizado su actividad. Protestan contra la nueva reglamentación de la Unión Europea que entró en vigor el pasado 10 de enero.

José María Gallart (FAAPE) califica la norma de «burocracia suicida» ignorante de la realidad técnica de los barcos. Denuncian que la carga administrativa obliga al patrón a estar más pendiente de formularios digitales que de la navegación y seguridad.

Un sector contra las cuerdas

La protesta fue espontánea: a las seis de la mañana los pescadores decidieron quedarse en tierra. Exigen un período de carencia y simplificación de trámites antes de que la normativa acabe con la pesca artesanal en el litoral sur.

La imagen es inédita y preocupante. Barcos parados, lonjas vacías y patrones que han decidido quedarse en tierra porque, según denuncian, navegar en estas condiciones es hacerlo con una soga al cuello.

Un paro espontáneo que dice mucho del hartazgo del sector

No hubo convocatoria previa ni comunicados oficiales la noche anterior. A las seis de la mañana, cuando tocaba salir a faenar, la decisión fue unánime: no se sale. El detonante ha sido una reglamentación que multiplica la carga burocrática, obliga a un control digital constante y convierte al patrón en algo parecido a un administrativo flotante.

Desde la Federación Andaluza de Asociaciones Pesqueras, su representante José María Gallart ha sido claro al calificar la norma como “burocracia suicida”. Una definición que resume el sentir de un sector que se sabe pequeño, vulnerable y cada vez más asfixiado por decisiones tomadas a cientos de kilómetros del muelle.

Más formularios que redes: cuando la normativa ignora el mar

Uno de los puntos más criticados es la obligación de cumplimentar en tiempo real una gran cantidad de formularios digitales durante la faena. En teoría, para mejorar el control y la sostenibilidad. En la práctica, según denuncian los pescadores, supone distraer al patrón de su función principal: gobernar el barco y garantizar la seguridad de la tripulación.

El mar no entiende de notificaciones, errores de sistema ni falta de cobertura. Exigir precisión digital constante en un entorno tan cambiante no solo es irreal, aseguran, sino peligroso. “Nos piden más atención a una pantalla que a la navegación”, resumen desde el sector.

La pesca artesanal, contra las cuerdas

La flota de bajura andaluza no es una gran industria. Son barcos pequeños, muchas veces familiares, con márgenes ajustados y una dependencia total del día a día. Cualquier retraso, sanción o error administrativo puede suponer la ruina.

Por eso el miedo no es retórico. Los pescadores alertan de que esta normativa puede acelerar el abandono del oficio, especialmente entre los más jóvenes. ¿Quién va a relevar a una generación que ya se siente perseguida, incomprendida y tratada como sospechosa permanente?

Periodos de carencia o muerte lenta del sector

Entre las principales exigencias de la flota está la implantación de un periodo de carencia. No piden barra libre ni descontrol, sino tiempo para adaptarse, formación real y una simplificación de los trámites que tenga en cuenta el tamaño y los medios de cada embarcación.

Sin ese margen, aseguran, la normativa se convertirá en una herramienta de expulsión silenciosa del mar. No por prohibición directa, sino por agotamiento económico y mental.

Un problema que no es solo andaluz

Aunque el amarre masivo se ha producido en Andalucía, el malestar es compartido por flotas de otras comunidades y países del sur de Europa. La sensación general es que las reglas se diseñan pensando en grandes flotas industriales del norte, con recursos técnicos y humanos muy superiores.

La pesca artesanal mediterránea y atlántica vuelve a quedar en un segundo plano, pese a ser una de las más sostenibles y arraigadas socialmente.

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