La tensión política en el Ayuntamiento de Manacor ha alcanzado niveles de máxima crispación tras el último Pleno ordinario. El grupo municipal de **VOX** ha denunciado lo que califica como una «degradación institucional» sin precedentes, después de que el equipo de gobierno (formado por la coalición MÉS-Esquerra, PSOE y AIPC) decidiera cerrar filas para proteger al alcalde, **Miquel Oliver**. El motivo de la discordia: una moción presentada por la formación de Santiago Abascal que exigía la condena formal de las manifestaciones públicas del primer edil, consideradas por la oposición como «insultantes» y «vejatorias» contra España y una parte de sus ciudadanos.
El portavoz de VOX en Manacor, **Esteban Sureda**, no se ha mordido la lengua tras ver cómo su iniciativa era bloqueada por la mayoría de izquierdas. «Miquel Oliver ha decidido usar la vara de mando como un mazo para golpear la convivencia y denigrar a la nación que representa», ha sentenciado Sureda. La polémica se centra en una serie de declaraciones del alcalde separatista que, según VOX, exceden la libertad de expresión política para entrar en el terreno del desprecio institucional y el odio hacia los símbolos nacionales y la unidad de España.
«El silencio es complicidad»
Para VOX, el rechazo a condenar estas palabras no es un simple trámite parlamentario, sino una declaración de intenciones. «Quien no sabe respetar el cargo que ocupa, no merece ocuparlo», afirmó Sureda, acusando a los socios de gobierno del alcalde, especialmente al PSOE, de ser cómplices necesarios de esta deriva radical. «El silencio es complicidad. La falta de condena clara es una renuncia a defender la democracia misma», advirtió el portavoz, quien considera que se está normalizando el insulto como herramienta política en las Islas Baleares.
Esta situación en Manacor refleja un patrón que se repite en otras instituciones donde el nacionalismo gobernante utiliza las instituciones para su agenda ideológica, a menudo con el beneplácito o la inacción de los socialistas. Es la misma «paradoja» que se observa a nivel nacional, donde cargos socialistas actúan de una forma en privado y predican otra en público, o permiten que sus socios ataquen los cimientos del Estado que representan.
Apoyo vecinal e institucional
El pleno no fue un debate estéril a puerta cerrada. Según informa la prensa local, VOX contó con el respaldo presencial de numerosos vecinos del camí des Pla de Llodrà, hartos de la gestión municipal, y recibió el apoyo explícito de **Pedro Bestard**, vicepresidente del Consell de Mallorca (de VOX), quien acudió a Manacor para reforzar la posición de sus compañeros. Sureda ha dejado claro que su partido no dará «ni un paso atrás» en lo que consideran una «batalla cultural y ética» por la dignidad de las instituciones.
Manacor se convierte así en un nuevo frente de la guerra cultural que atraviesa España. Mientras el alcalde Oliver y sus socios intentan imponer una visión excluyente desde el poder local, la oposición promete fiscalizar cada gesto y cada palabra, recordando que un ayuntamiento debe estar «al servicio de los vecinos, no al servicio del ego ni del sectarismo de nadie».












