El Mar Caribe se ha convertido en un tablero de ajedrez geopolítico de alta tensión. Fuerzas estadounidenses han protagonizado un nuevo episodio de fuerza al abordar e incautar el petrolero ‘Veronica’, convirtiéndolo en el sexto buque capturado en la región por su presunta vinculación con el transporte de crudo venezolano sancionado. La operación supone un endurecimiento significativo del bloqueo impuesto por Washington al régimen de Nicolás Maduro.
Según fuentes de inteligencia, el ‘Veronica’ intentaba burlar las sanciones transportando petróleo de la petrolera estatal PDVSA. El asalto se produjo en aguas internacionales, demostrando el alcance y la determinación de la U.S. Navy y las agencias federales para estrangular las vías de financiación del gobierno de Caracas. Este incidente no es aislado; sigue a la captura reciente de otros buques como el ‘Marinera’ (de bandera rusa) y el ‘Olina’.
Un mensaje a horas de la cumbre Trump-Machado
El timing de la operación no es casual. El abordaje coincidió casi al milímetro con las horas previas al encuentro en la Casa Blanca entre Donald Trump y la líder opositora venezolana, María Corina Machado. Washington envía así un doble mensaje: apoyo inquebrantable a la oposición y tolerancia cero con quienes intenten sostener económicamente a Maduro.
La militarización de la ruta energética del Caribe añade una capa más de volatilidad a un mercado global ya nervioso. Mientras las potencias mueven sus fichas en el mar, en tierra firme las consecuencias políticas se sienten en todo el continente.
Este tipo de conflictos internacionales contrastan con los problemas de seguridad interna que vivimos más cerca, como los recientes sucesos en Almería: Debates sobre seguridad y discursos políticos.












