El orden mundial se tambalea y la tensión alcanza cotas inéditas en el Ártico. Lo que parecía una ocurrencia excéntrica hace años se ha transformado en una crisis diplomática y militar de primer orden. Según informa El Mundo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reactivado sus planes para adquirir Groenlandia, pero esta vez la oferta económica ha dado paso a la amenaza velada de anexión territorial, desatando el pánico en las cancillerías europeas.
La respuesta del Viejo Continente no se ha hecho esperar, liderada por un Emmanuel Macron que ha asumido el rol de comandante en jefe de la defensa europea. El presidente francés ha convocado un Consejo de Defensa de emergencia y ha anunciado maniobras militares conjuntas con Dinamarca, enviando un mensaje inequívoco a Washington: Groenlandia es Europa y no está en venta.
¿El preludio de un conflicto trasatlántico?
Las autoridades locales de Nuuk han rechazado tajantemente las pretensiones estadounidenses, calificándolas de «neocolonialismo agresivo». Sin embargo, la insistencia de la Casa Blanca, que ve en la isla un portaaviones natural estratégico frente a Rusia y China, ha puesto a la OTAN en una situación imposible: dos de sus principales socios, EE. UU. y Francia, enseñándose los dientes por un territorio helado.
Este choque de trenes geopolítico coincide con otros movimientos agresivos de la administración Trump en el hemisferio, como la reciente operación naval en el Caribe contra intereses venezolanos, demostrando una política exterior de hechos consumados: EE.UU. asalta petrolero en el Caribe.
Mientras los tambores de conflicto suenan en el norte, Europa debate su propia supervivencia y la necesidad de armarse, tal como advertía recientemente la ministra española de Defensa: Margarita Robles: «La UE puede desaparecer».












