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Rocío sobrevive al infierno de Adamuz y relata cómo vio gente muerta y sin piernas al salir del tren

El accidente ferroviario de Adamuz ha dejado imágenes y relatos que difícilmente se borrarán de la memoria colectiva de los españoles. Más allá de las cifras y los análisis técnicos, está el terror puro vivido por quienes lograron salir con vida de esa trampa mortal de hierro y fuego. Rocío, una de las supervivientes, ha puesto voz al horror en unas declaraciones que hielan la sangre y evidencian la magnitud de la catástrofe que el Gobierno intenta gestionar con frialdad burocrática.

En declaraciones al programa Y ahora Sonsoles de Antena 3, Rocío, todavía en estado de shock, ha descrito el escenario dantesco que se encontró tras el impacto. «Al salir vimos lo peor, gente sin piernas, muerta…», ha relatado con la voz quebrada. Sus palabras dibujan un panorama de guerra, un infierno desatado en plenas vías donde minutos antes viajaban familias ajenas a la fatalidad que les esperaba por un descarrilamiento cuyas causas aún exigen respuestas claras.

El caos y la desesperación entre los heridos

El relato de Rocío confirma que lo vivido en Adamuz no fue un simple accidente, sino una carnicería. La colisión entre el tren Iryo y el Alvia convirtió los vagones en amasijos letales. Los supervivientes, aturdidos y heridos, tuvieron que abrirse paso entre cadáveres y personas mutiladas que pedían auxilio en medio del caos. Es una experiencia traumática que contrasta con la asepsia de los comunicados oficiales, que hablan de «protocolos» mientras los ciudadanos hablan de sangre y gritos.

La crudeza de este testimonio pone de manifiesto la realidad de una tragedia que ha segado la vida de al menos 39 personas. No son números, son historias truncadas de la forma más violenta posible. Rocío y otros supervivientes se enfrentan ahora a las secuelas psicológicas de haber mirado a la muerte a los ojos, una carga que llevarán de por vida mientras esperan que alguien asuma la responsabilidad de que un viaje en tren se convirtiera en una sentencia de muerte.

¿Seguridad real o ruleta rusa?

Mientras testimonios como el de Rocío conmocionan al país, la indignación crece. ¿Cómo es posible que en una red ferroviaria moderna ocurra algo así? Las palabras de los supervivientes desmienten cualquier intento de minimizar la gravedad de los hechos. Vieron «lo peor» porque lo peor ocurrió, y ocurrió en una infraestructura pública que debería ser garantía de seguridad, no escenario de películas de terror. España llora con Rocío y con las víctimas, exigiendo que la verdad no quede sepultada bajo los escombros.

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