El sistema ferroviario catalán ha tocado fondo. Lo que miles de usuarios temían cada mañana al subir al tren se ha convertido en una pesadilla real: la red de Rodalies de Catalunya ha quedado completamente suspendida este miércoles. La decisión, tomada por Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), llega tras una jornada negra marcada por dos descarrilamientos en menos de 48 horas, uno de los cuales se ha cobrado la vida de un trabajador y ha dejado quince heridos.
La situación ha provocado una indignación sin precedentes entre los ciudadanos y los trabajadores del sector. Ya advertíamos hace apenas unos días sobre los problemas de mantenimiento en nuestro reportaje sobre el material de Adif y las vibraciones en Adamuz, pero lo ocurrido en la red catalana supera cualquier previsión pesimista. No se trata de un simple retraso; es el colapso total de una infraestructura que parece caerse a pedazos ante la inoperancia política.
Tragedia en la R4: Un maquinista muerto en Gelida
El epicentro de la tragedia se situó en la línea R4, entre las estaciones de Gelida y Sant Sadurní d’Anoia. Un tren que transportaba a 37 pasajeros impactó brutalmente contra un muro de contención que se había desplomado sobre las vías debido al fuerte temporal de lluvia que azota la región. Como recordamos en nuestra crónica sobre el temporal y el frío extremo, las infraestructuras españolas están mostrando una alarmante vulnerabilidad ante fenómenos meteorológicos que no deberían ser catastróficos.
El balance es desolador: el maquinista del convoy ha fallecido en el acto, mientras que quince personas han resultado heridas de diversa consideración. Los equipos de emergencia trabajaron durante toda la noche en un escenario dantesco, tratando de rescatar a los pasajeros atrapados en un tren que jamás debió circular por una vía que no estaba garantizada. Este suceso recuerda trágicamente al reciente accidente de tren en Adamuz, confirmando una tendencia terrorífica en la seguridad ferroviaria nacional.
Segundo descarrilamiento en la R1 y parálisis total
Por si fuera poco, apenas unas horas después, la línea R1 sufría otro incidente similar. Un tren descarrillaba entre Maçanet-Massanes y Tordera tras colisionar con una roca de grandes dimensiones caída en la vía. Afortunadamente, en este caso no hubo que lamentar víctimas personales entre los diez pasajeros que viajaban en el convoy, pero el suceso fue la gota que colmó el vaso para los responsables de la seguridad ferroviaria.
Ante este panorama, la consellera de Territori de la Generalitat, Sílvia Paneque, ha confirmado que la circulación no se reanudará hasta que no se garantice la seguridad absoluta. Adif ha iniciado lo que se denominan «marchas en blanco»: circulaciones exploratorias sin pasajeros para reconocer cada metro de vía y descartar nuevos desprendimientos. Sin embargo, el daño ya está hecho. Millones de catalanes se han despertado hoy sin el servicio básico de transporte, abocados al colapso en las carreteras y a una incertidumbre laboral asfixiante.
Huelga general: El sector ferroviario dice basta
La respuesta social no se ha hecho esperar. El sindicato SEMAF (especialista en conducción ferroviaria) ha convocado una huelga general de forma inmediata. Los maquinistas denuncian lo que califican como un «deterioro constante e inadmisible» del ferrocarril en España. La crispación es máxima; los trabajadores se niegan a ser los que pongan el cuerpo frente a la desidia de un Ministerio de Transportes que parece más centrado en grandes anuncios que en el mantenimiento diario de las vías que pisan el suelo.
Este conflicto no solo afecta a Catalunya. Es un síntoma de un problema estructural que venimos denunciando sistemáticamente. ¿Cuántas muertes más son necesarias para que se invierta realmente en seguridad? La red de Rodalies se ha convertido en una ruleta rusa diaria para el trabajador y el estudiante. Mientras las autoridades se pasan la pelota de la responsabilidad entre el Gobierno central y la Generalitat, el ciudadano de a pie se queda tirado en el andén, o peor aún, atrapado entre hierros retorcidos.
La jornada de hoy será recordada como el día en que el tren se detuvo por miedo. Un miedo justificado por la sangre de un trabajador y la angustia de decenas de familias. Catalunya hoy no se mueve, y la pregunta que resuena en cada estación vacía es la misma: ¿quién será el próximo?











