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Condenan a tres años de prisión a dos pescadores marroquíes por pasar inmigrantes a Ceuta

La lucha contra las redes de tráfico de personas en el Estrecho ha sumado un nuevo capítulo judicial este jueves en Ceuta. Dos ciudadanos marroquíes, identificados como A.G., de 63 años, y M.E.H., de 53, han aceptado una condena de tres años de prisión tras reconocer su culpabilidad en un delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros. El caso, juzgado en la Sección VI de la Audiencia Provincial de Cádiz con sede en la ciudad autónoma, pone de manifiesto la cara más sórdida de la inmigración irregular: el lucro personal de quienes ponen en riesgo la vida de otros a cambio de miles de euros.

Los hechos que han llevado a estos dos hombres a los centros penitenciarios españoles se remontan al 23 de febrero de 2025. Aquella jornada, una patrullera de la Guardia Civil interceptó a una milla aproximadamente de la Sirena de Punta Almina una embarcación de recreo de nombre «Sultán». La patera, que se encontraba a la deriva tras sufrir una avería en el motor, ocultaba en su interior a tres inmigrantes que intentaban entrar ilegalmente en territorio español. La intervención rápida de los agentes evitó lo que podría haber sido otra tragedia en el mar, dadas las precarias condiciones en las que navegaban.

El lucrativo negocio de la desesperación

La investigación del Instituto Armado reveló que esta operación no era un acto de solidaridad, sino un negocio fríamente calculado. Según el atestado policial, los ahora condenados habrían pactado cobrar entre 6.000 y 10.000 euros por el traslado de los tres inmigrantes desde Marruecos hasta la costa ceutí. Este «peaje» por cruzar el mar es una cifra desorbitada que alimenta a las mafias y a individuos particulares que, como A.G. y M.E.H., ven en el drama migratorio una fuente rápida de ingresos.

A pesar de no contar con antecedentes penales previos, la gravedad del delito ha pesado en el acuerdo de conformidad. La sentencia condena a ambos pescadores por una modalidad agravada debido al ánimo de lucro y al peligro evidente para la vida de las personas transportadas. En este tipo de trayectos, el fallo de un motor en medio de las fuertes corrientes del Estrecho convierte cualquier embarcación pequeña en una trampa mortal, algo que los acusados conocían perfectamente dada su experiencia como marineros y pescadores.

Un aumento de la presión migratoria y la delincuencia asociada

Este suceso en Ceuta no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto global de crisis migratoria que está afectando gravemente a toda Europa. La sensación de impunidad en origen anima a muchos a intentar estas travesías peligrosas, lo que a menudo deriva en problemas de seguridad ciudadana cuando no existen canales de integración adecuados. Ya hemos visto ejemplos extremos en otras latitudes, como la ola de delincuencia juvenil en Leipzig protagonizada por menores inmigrantes, donde la falta de control fronterizo y social termina por generar entornos hostiles tanto para los locales como para los propios recién llegados.

En el caso de Ceuta, el papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sigue siendo el último dique de contención contra las mafias. La interceptación de la patera «Sultán» es un éxito policial, pero también un recordatorio de la vulnerabilidad de la frontera sur de España. La condena impuesta busca disuadir a otros pescadores de la zona de utilizar sus barcos para actividades ilícitas, una tentación cada vez mayor debido a la crisis que atraviesa también el sector pesquero tradicional en Marruecos.

Consecuencias legales y sociales

Tras la aceptación de la pena por parte de los acusados, el tribunal ha ordenado su ingreso inmediato en prisión. Además del tiempo en la cárcel, se les imponen multas proporcionales a los beneficios esperados de la operación fallida. Los tres inmigrantes que viajaban ocultos han sido puestos a disposición de las autoridades competentes para el inicio de sus expedientes de devolución, cumpliendo con la normativa vigente en materia de extranjería.

La sociedad ceutí asiste con preocupación al constante goteo de detenciones y condenas relacionadas con el tráfico humano. Mientras las políticas internacionales no logren atajar las causas de la emigración en los países de origen y no se refuercen los mecanismos de vigilancia y cooperación con el reino alauita, los juzgados de Ceuta seguirán recibiendo a individuos que, como los dos pescadores condenados hoy, deciden que la vida de un ser humano vale menos que unos fajos de billetes obtenidos en la oscuridad de una noche en el mar.

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