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«Hollywoke» de desinfla, las grandes empresas cierran su agenda progre

El vendaval ideológico que durante casi una década ha secuestrado los consejos de administración de las principales corporaciones mundiales parece estar llegando a su fin. Lo que comenzó como una tendencia imparable de «justicia social» corporativa se ha topado de frente con la cruda realidad de los balances financieros y el hartazgo de una base de consumidores que reclama productos de calidad en lugar de sermones morales. El año 2025, según todos los indicadores, ha sido el punto de inflexión definitivo en el que el mundo empresarial ha decidido apagar la señal de «Hollywoke» para volver a centrarse en el negocio.

Un reciente y demoledor informe titulado «5 Findings That Defined DEI in 2025», elaborado por Gravity Research, pone cifras a lo que muchos ya percibían: las menciones a las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) en las empresas del Fortune 500 se han desplomado un asombroso 98% en el último año. Lo que antes era el eje central de la comunicación institucional ahora es un tema tabú, una reliquia de un experimento social fallido que solo ha traído divisiones internas y pérdidas millonarias.

Microsoft y Meta lideran la retirada estratégica

Gigantes como Microsoft y Meta no han esperado a que el temporal amainara por sí solo. En un movimiento coordinado que ha enviado ondas de choque a través de Silicon Valley, ambas compañías eliminaron sus departamentos DEI al completo durante 2024 y principios de 2025. La justificación oficial fue la eliminación de «redundancias», pero el mensaje de fondo es mucho más profundo: estos departamentos, que en su momento gozaron de presupuestos ilimitados y poder de veto sobre contrataciones y contenidos, ya no tienen cabida en una estructura que prioriza la eficiencia y la meritocracia.

Disney, el otrora abanderado de las políticas progresistas agresivas, también ha iniciado una rectificación silenciosa pero firme. En marzo de 2025, la compañía del ratón eliminó la cláusula que vinculaba los bonus de sus directivos al cumplimiento de cuotas de inclusión. Más revelador aún fue el movimiento realizado en noviembre, cuando Disney retiró todas las menciones «woke» de su informe anual, un documento que solía ser un manifiesto de activismo social. Ahora, la consigna en los parques y en los estudios de animación parece ser la búsqueda de talento sin importar su procedencia, volviendo a una filosofía de entretenimiento universal.

La apuesta por la libertad de pensamiento

Uno de los cambios más radicales ha venido de la mano de Take-Two Interactive, la gigante de los videojuegos detrás de franquicias como Grand Theft Auto. En una declaración que marca un antes y un después en el sector del entretenimiento, la empresa ha sustituido oficialmente su objetivo de «inclusión forzada» por un compromiso absoluto con la «libertad de pensamiento». Este cambio no es baladí: supone reconocer que la imposición de una visión única del mundo es antitética a la creatividad y a la conexión con el público.

Esta tendencia se alinea con la llamada bíblica de Milei a la libertad para salvar Occidente, una corriente que defiende recuperar los valores individuales frente a la colectivización ideológica que ha imperado en los últimos años. Las empresas están entendiendo que su función no es reeducar a la sociedad, sino servirla. Google, Amazon y Oracle también se han sumado a esta desmovilización ideológica, desmantelando los sistemas de contratación basados en cuotas que habían generado una profunda desafección entre sus empleados más cualificados.

El impacto en la cultura y la sociedad

El fin de la era «Hollywoke» no solo afecta a los departamentos de recursos humanos; tiene un impacto directo en la producción cultural. Durante años, hemos sido testigos de cómo guiones de cine y televisión eran modificados para cumplir con listas de verificación ideológicas, resultando en productos que el público rechazaba sistemáticamente en taquilla. Al desvincular el éxito profesional y financiero de la adhesión a estos dogmas, las empresas están abriendo la puerta a una nueva era de creatividad libre de censura previa.

La caída de estas políticas también responde a una presión creciente por parte de inversores y accionistas que han visto cómo la capitalización de mercado de empresas como Disney sufría precisamente por su excesivo activismo. El mercado ha hablado y su veredicto es claro: la ideología no es rentable cuando se utiliza como una herramienta de ingeniería social impuesta desde arriba. El retorno a la neutralidad corporativa no es una derrota de la diversidad, sino una victoria del sentido común y de la libertad individual en el entorno laboral.

En conclusión, el ocaso de estas políticas en 2025 marca el regreso a una meritocracia que nunca debió ser abandonada. Las grandes empresas están redescubriendo que su mayor activo no es su capacidad para proyectar una imagen de superioridad moral, sino su habilidad para innovar y competir en un mercado global que no entiende de consignas políticas. La era del activismo corporativo obligatorio ha terminado, dando paso a un escenario donde la libertad de pensamiento y la excelencia profesional vuelven a ser los únicos criterios que importan.

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