La economía andaluza ha cerrado el año 2025 con cifras que invitan al optimismo macroeconómico pero que revelan una dependencia estructural cada vez más acentuada de la mano de obra foránea en sus sectores productivos más tradicionales.
Con un récord histórico de 3,54 millones de afiliados a la Seguridad Social tras sumar más de 70.000 nuevos cotizantes en el último ejercicio, la región demuestra una vitalidad laboral indudable. Sin embargo, al desglosar los datos de contratación, surge una realidad incontestable: el sector primario andaluz se sostiene hoy sobre los hombros de trabajadores extranjeros, quienes han protagonizado casi el 70 por ciento de los contratos firmados en el campo durante el último mes del año.
Según los datos oficiales publicados este enero de 2026, de los 75.975 contratos firmados por ciudadanos extranjeros en la comunidad durante diciembre de 2025 (lo que supone un 25,29% del total regional de todas las nacionalidades), una inmensa mayoría de 52.920 contratos se destinaron específicamente a actividades relacionadas con la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca. Este fenómeno no es casual ni uniforme en todo el territorio, sino que responde a las campañas estacionales que marcan el pulso de la región, especialmente en provincias como Jaén y Huelva.
La aceituna de Jaén y la fresa de Huelva como motores
La provincia de Jaén, corazón mundial de la producción de aceite de oliva, concentró por sí sola 27.128 contratos a extranjeros en diciembre, coincidiendo con el pico de la campaña de recolección de la aceituna. En este contexto, el perfil del trabajador es mayoritariamente masculino (un 78% del total regional en el sector primario en diciembre fueron hombres), cubriendo las duras tareas físicas que demanda el olivar. El peso de Marruecos, de donde proceden el 30% de los demandantes de empleo, y de Rumanía, con un 16,2%, es determinante para asegurar que la cosecha llegue a las almazaras a tiempo.
Por otro lado, en la provincia de Huelva se está gestando ya la próxima gran movilización laboral: la campaña de los frutos rojos. Bajo la supervisión de organizaciones agrarias como la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), recientemente se ha llevado a cabo en Tánger la selección de 3.305 mujeres marroquíes que se incorporarán por primera vez a los tajos onubenses. Estas nuevas contrataciones se sumarán a un contingente de 14.525 trabajadoras repetidoras que ya conocen el oficio, consolidando el modelo de Gestión Colectiva de Contrataciones en Origen (GECCO) para 2026.
Un sector primario bajo presión política e internacional
Esta dependencia de la mano de obra externa se produce en un momento en que el campo español y europeo atraviesan una crisis de confianza respecto a las políticas comunitarias. La situación en Andalucía es especialmente sensible, ya que mientras se necesita importar trabajadores para tareas manuales, los agricultores denuncian la competencia desleal y la falta de apoyo en Bruselas. Esta tensión se ha visto reflejada en cómo PP y PSOE rechazan acudir al TJUE por el acuerdo UE Mercosur, un movimiento que ha generado una profunda indignación en el sector primario al sentirse abandonados por los grandes partidos frente a las importaciones de terceros países.
A pesar de las críticas que a menudo se vierten sobre la automatización, la realidad de las explotaciones andaluzas demuestra que el factor humano sigue siendo insustituible. Los datos de 2025 muestran que la integración laboral de la población extranjera es, en la práctica, el salvavidas de muchas explotaciones que no encuentran relevo generacional ni mano de obra local dispuesta a asumir las condiciones de trabajo estacionales. No obstante, este modelo también plantea retos significativos en cuanto ainfraestructuras de alojamiento y servicios sociales en los municipios que reciben a miles de trabajadores de forma simultánea.
Perspectivas para el año 2026
El inicio de 2026 marcará la consolidación de estos flujos migratorios laborales regulados. La nueva Orden de Gestión Colectiva publicada por el Ministerio busca agilizar estos procesos, reconociendo implícitamente que sin este aporte exterior, la agricultura andaluza simplemente dejaría de producir. El reto para el gobierno regional de Juanma Moreno será equilibrar el éxito de los datos de afiliación con la mejora de la productividad del sector, asegurando que la riqueza que genera el campo no se pierda por los elevados costes de producción o las trabas burocráticas impuestas desde las instituciones europeas.
En definitiva, la agricultura en Andalucía no es solo una cuestión de tierra y agua, sino fundamentalmente de personas. El hecho de que siete de cada diez contratos extranjeros terminen en el campo subraya la importancia capital de este sector no solo como exportador de alimentos, sino como el mayor motor de integración laboral y económica para miles de familias procedentes de todo el mundo que ven en la región andaluza una oportunidad de prosperar mientras sostienen una de las industrias más potentes de España.












