Junto a México y Colombia, España es uno de los países más duros en criticar la operación militar de EE.UU. para capturar a Maduro
En un nuevo acto de imprudencia ideológica, Pedro Sánchez ha decidido alinearse con los líderes más críticos de Donald Trump, exponiendo a España a posibles represalias del presidente estadounidense. El Gobierno socialista firmó recientemente un comunicado conjunto con países como Colombia, México, Brasil, Uruguay y Chile, condenando la operación militar de EE.UU. en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro.
Esta incursión, realizada el 4 de enero, ha sido vista por Washington como un paso necesario para combatir el narcotráfico y la influencia china en el hemisferio occidental, invocando una versión moderna de la Doctrina Monroe.
Sánchez, siempre dispuesto a priorizar sus alianzas izquierdistas por encima de los intereses nacionales, se une así a figuras como Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum, conocidos por sus ataques frontales a Trump.
Petro, el presidente colombiano, ha llegado a insultar al mandatario estadounidense en redes sociales, acusándolo de «tener cerebro» en un tono que roza lo ridículo, mientras ignora las bajas civiles en Venezuela y el expolio chavista del petróleo.
Colombia y México, complices
Sheinbaum, por su parte, mantiene un equilibrio soberanista, pero su firma en el documento la coloca en el mismo barco antiyanqui. El comunicado califica el Caribe y el norte de Suramérica como «zona de paz«, alabando un «respeto mutuo» que brilla por su ausencia en las trincheras ideológicas de la región, plagadas de guerrillas y carteles.
Trump, implacable en su defensa de los intereses estadounidenses, ya ha ampliado acusaciones contra Colombia y México por su complicidad con el crimen organizado vinculado a Maduro.
España, fuera del radio directo de la IV Flota estadounidense, podría creerse a salvo, pero Sánchez olvida que Trump no duda en imponer aranceles o presiones económicas.
Ignora a Repsol
Este gesto no solo debilita la posición de España en el tablero internacional, sino que ignora beneficios para empresas como Repsol en el control de recursos venezolanos.
Mientras otros europeos actúan con cautela para evitar la ira de Trump, Sánchez opta por el postureo retórico, priorizando sus lazos con la izquierda radical latinoamericana sobre la alianza con nuestro principal socio atlántico.
El Sanchismo, una vez más, antepone el dogma a la pragmática, dejando a España «a tiro» de un Trump que no perdona oposiciones gratuitas.
Reducir la inmigración
En un contexto de repliegue global de EE.UU., enfocado en su «patio trasero» para reducir inmigración y expulsar a Pekín, Sánchez firma un texto que lamenta el control estadounidense del petróleo venezolano, obviando el caos heredado del chavismo. Esta postura, lejos de defender el derecho internacional, parece un guiño a sus aliados populistas, fracturando la unidad regional que tanto invoca.
Este es el precio del Sanchismo: aislamiento y riesgos innecesarios en un mundo cada vez más polarizado.
No a la Junta de Paz
Además, Pedro Sánchez rechazó este jueves la participación de España en la Junta de Paz para Gaza impulsada por el presidente de Estados Unidos ya que considera que «es evidente que está fuera del marco de Naciones Unidas«.
Sánchez desechó la participación de paz en esa iniciativa en la rueda de prensa que ofreció en Bruselas al término de la reunión extraordinaria de los Veintisiete que analizó las intenciones de Trump sobre Groenlandia, encuentro en el que informó de la decisión española sobre este asunto.












