El exministro de Transportes y ex secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, ha anunciado que se jubila “al verse privado de todo ingreso”. Lo hace desde prisión y tras perder el escaño que le blindaba políticamente durante casi dos décadas. Su despedida, sin lágrimas pero con rencor, resume el ocaso del sanchismo que él ayudó a construir.
De hombre fuerte del PSOE a símbolo de la corrupción socialista
“¡Objetivo conseguido!”. Así ha comenzado su mensaje en X (antiguo Twitter), en el que ironiza sobre la expectación que ha levantado su renuncia al acta de diputado.
Ábalos, que fue pieza clave del núcleo duro de Pedro Sánchez y artífice de su regreso al poder en 2017, se marcha ahora diciendo estar “despojado de derechos y deberes” y “sin protección social”.
La paradoja es evidente: el hombre que manejaba los contratos de mascarillas y millones públicos durante la pandemia, asegura hoy no tener ni para vivir.
La jubilación del silencio
El exministro, de 66 años, ha optado por la jubilación tras ser suspendido por la Mesa del Congreso y quedarse sin sueldo ni derecho a votar desde que entró en prisión preventiva por el caso Koldo, el escándalo de mordidas por contratos públicos de su propio ministerio (ver caso completo aquí).
En teoría, podía haber solicitado la llamada indemnización por cese, una suerte de “paro dorado” para diputados veteranos, que en su caso podría haberle reportado más de 57.000 euros.
Sin embargo, el Congreso dudaba de que tuviera derecho a cobrarlo, al haber sido suspendido por encontrarse encarcelado.
El propio Ábalos zanjó el asunto con un tono victimista: “Privado de todo ingreso, no me ha quedado otra que jubilarme”.
“Es a cambio de algo”: las dudas sobre el verdadero motivo
Varios analistas apuntan que la renuncia llega “a cambio de algo”. En el PSOE, su marcha facilita la entrada de una nueva diputada que votará disciplinadamente, reforzando la mayoría de Sánchez en el Congreso.
Una baja que, según el periodista Carlos Alsina, “coincide demasiado bien con las necesidades del Gobierno”.
No es la primera vez que un socialista encarcelado sale con compensación institucional. El último fue Santos Cerdán, otro histórico del PSOE, quien sí cobró su “finiquito” parlamentario antes de ingresar en prisión (ver caso Cerdán aquí).
Ábalos, en cambio, se queda fuera del reparto.
La caída del “fontanero” de Sánchez
Durante años, Ábalos fue el operador político más fiel al presidente, su hombre de confianza en Ferraz y el “bombero” de las crisis internas.
Hoy, se ha convertido en el rostro de la descomposición del PSOE, acorralado por la corrupción, el clientelismo y los pactos con la ultraizquierda y el separatismo.
Su renuncia cierra un ciclo y deja una incómoda pregunta flotando en el aire:
¿es Ábalos una víctima colateral del sistema que ayudó a mantener, o el ejemplo más visible de cómo el poder termina devorando a los suyos?












