Las lluvias no solo han llenado embalses y desbordado ríos en Andalucía. En los últimos días han despertado algo más difícil de explicar: ruidos subterráneos en Grazalema y una cadena de pequeños terremotos en el sur de Málaga. La coincidencia ha sido suficiente para que muchos vecinos se hagan la misma pregunta en voz baja: ¿está pasando algo raro bajo nuestros pies?
La respuesta de los expertos es clara, aunque no tranquilizadora del todo: no hay relación directa, pero sí un subsuelo sometido a una tensión excepcional por las lluvias persistentes de las borrascas Marta y Leonardo.
Grazalema cuando el agua ya no cabe bajo tierra
Grazalema es uno de los pueblos donde más llueve de toda España. Eso no es una anécdota turística, es un dato geológico clave. La localidad se asienta sobre un acuífero potente, lleno de cavidades y conductos naturales que suelen absorber el agua sin problemas. Hasta ahora.
Tras semanas de precipitaciones continuadas, el acuífero se ha saturado. El agua ha empezado a buscar salida por donde nunca lo había hecho: suelos, muros, zonas elevadas del casco urbano. Es lo que los técnicos llaman una inundación hidrogeológica, un fenómeno poco frecuente pero conocido en zonas kársticas.
En ese contexto aparecieron los ruidos. Zumbidos graves, golpes sordos, vibraciones que algunos vecinos describieron como si “algo se moviese bajo las casas”. La reacción fue inmediata. Por precaución, se activaron desalojos preventivos y entraron en acción los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, centrados en achiques y control de daños.
Qué provocan realmente esos sonidos bajo el suelo
Aunque el sonido impresione, los geólogos insisten en que no hay misterio ni peligro inminente. Hay varias explicaciones compatibles entre sí.
La primera es puramente hidráulica. Grandes volúmenes de agua circulando a presión por galerías subterráneas arrastran aire, sedimentos y fragmentos de roca. Ese movimiento genera golpes, burbujeos y fricciones que, amplificados por la estructura del terreno, se oyen en superficie.
La segunda tiene que ver con la roca. Cuando el agua se acumula de forma masiva, aumenta la presión interna del sistema. Eso puede provocar microfracturas muy localizadas que liberan energía de forma puntual. No son terremotos, pero sí pequeñas vibraciones perceptibles.
La clave está en la escala. Todo ocurre a poca profundidad y en un ámbito muy localizado. No hay desplazamientos tectónicos ni fallas activándose.
Terremotos en Málaga una serie que no sorprende a los sismólogos
Mientras en Grazalema se miraba al suelo con recelo, en el sur de Málaga la atención estaba puesta en los sismógrafos. Desde el 3 de febrero, la Red Sísmica Nacional ha detectado varios terremotos de baja magnitud, el mayor de ellos cercano a 3 grados.
El epicentro se ha situado en el entorno de Gaucín y la Serranía de Ronda, a unos 30 kilómetros de profundidad. Para los especialistas, esa cifra lo explica casi todo. Son terremotos profundos, ligados a la dinámica tectónica habitual del sur peninsular.
Desde el Instituto Geográfico Nacional insisten en que este tipo de series no son raras en la zona y que no presentan características anómalas. De hecho, se han reforzado las estaciones de control para seguir la evolución con mayor precisión, una medida estándar en estos casos.
¿Puede la lluvia provocar terremotos
La pregunta se repite cada vez que coinciden lluvias intensas y seísmos. La respuesta, hoy por hoy, es no. Al menos en este caso.
Los expertos explican que el agua de lluvia afecta a los primeros cientos de metros del subsuelo, mientras que estos terremotos se han originado a decenas de kilómetros de profundidad. Son procesos completamente distintos, separados por capas de roca que actúan como barrera.
Existen fenómenos llamados sismicidad inducida o hidrosismicidad, pero suelen estar asociados a grandes embalses o inyecciones de agua a presión, no a lluvias, por intensas que sean.
La coincidencia temporal confunde, pero los datos no apoyan una relación causa efecto.
Por qué ahora todo parece más inquietante
La sensación de alarma no nace solo de los hechos, sino del contexto. Andalucía vive un episodio meteorológico excepcional. Los suelos están saturados, los acuíferos al límite y cualquier anomalía se percibe con más intensidad.
Cuando el terreno responde de forma visible y audible, como en Grazalema, el miedo encuentra terreno fértil. Y cuando además llegan noticias de terremotos, aunque sean pequeños y lejanos, el relato se completa solo.
Lo que sí se está investigando es cómo reaccionan determinados acuíferos ante lluvias tan persistentes y si estos episodios pueden repetirse en el futuro con más frecuencia en un clima cada vez más extremo.
Prudencia sin alarmismo el mensaje de los técnicos
El mensaje oficial es claro: no hay riesgo inmediato ni señales de un problema mayor. Pero tampoco se minimiza lo ocurrido. Se observa, se mide y se explica.
En Grazalema se seguirá vigilando el nivel del acuífero hasta que las lluvias remitan y el sistema recupere su equilibrio. En Málaga, los sismógrafos continúan registrando cada movimiento para confirmar que la serie se apaga de forma natural.
Bajo el suelo andaluz no hay un único fenómeno, sino varios procesos distintos coincidiendo en el tiempo. Entenderlos es la mejor forma de que el miedo no haga más ruido que la propia tierra.











