Cuba se sumerge en una profunda crisis energética y económica: averías crónicas en las obsoletas centrales termoeléctricas y la falta de divisas
Cuba enfrenta en estos momentos uno de los episodios más graves de su prolongada crisis económica y energética, agravada por un severo desabastecimiento de petróleo y combustibles que ha obligado al gobierno a implementar medidas de emergencia drásticas, reminiscentes del ‘Periodo Especial’ de los años 90.
El gobierno de Cuba anunció este fin de semana un paquete de restricciones que incluye el racionamiento de la venta de combustibles a la población, priorizando el suministro limitado a servicios esenciales: generación de electricidad, salud, abastecimiento de agua, defensa y, especialmente, el sector turístico para preservar ingresos en divisas.
Según el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, el combustible disponible se destinará principalmente a estos rubros críticos, mientras que se facilitan trámites para que empresas privadas importen su propio carburante.
Como parte del plan de emergencia ante el «desabastecimiento agudo«, se han iniciado cierres temporales de hoteles, principalmente en zonas clave como Varadero y los cayos del norte.
Turistas internacionales
Los turistas internacionales afectados están siendo reubicados en otras instalaciones operativas, en un esfuerzo por compactar la infraestructura turística y reducir drásticamente el consumo energético durante la temporada alta.
Esta decisión llega en el peor momento para el sector: en 2025 Cuba registró apenas 1,8 millones de visitantes internacionales, la cifra más baja desde 2002 (excluyendo la pandemia), con caídas pronunciadas en mercados tradicionales como Canadá (-12,4%) y Rusia (-29%), y una ocupación hotelera que descendió a niveles alarmantes (21,5% en el primer semestre).
La crisis se ha agudizado desde inicios de 2026 tras eventos geopolíticos clave: la operación militar estadounidense en Caracas el 3 de enero, que interrumpió el suministro de petróleo venezolano (históricamente vital para la isla), y la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump el 29 de enero, que impone aranceles a países que vendan combustible a Cuba.
Averías crónicas, gasolineras vacías
Estos factores, combinados con averías crónicas en las obsoletas centrales termoeléctricas y la falta de divisas para importar crudo, han dejado al país sin importaciones significativas de combustible desde diciembre de 2025.
El impacto en la vida cotidiana es ya visible: gasolineras vacías o con filas interminables, límites estrictos de venta (por ejemplo, 20 litros por vehículo en estaciones dolarizadas vía app), semana laboral reducida en entidades estatales (lunes a jueves en muchas actividades administrativas), teletrabajo masivo, clases semipresenciales en universidades, reducción drástica de rutas de tren y posposición de eventos culturales como la Feria Internacional del Libro de La Habana. Aunque los aeropuertos y puertos siguen operativos, el transporte público y privado se ve severamente afectado.
Tiempos muy difíciles
El presidente Miguel Díaz-Canel ha calificado la situación como «compleja» y ha advertido sobre «tiempos muy difíciles», rescatando el concepto de «opción cero» del Periodo Especial: autosuficiencia alimentaria, uso de tracción animal, carbón vegetal para cocinar y transporte no motorizado como posibles salidas extremas.
Analistas coinciden en que esta combinación de bloqueo petrolero reforzado, crisis interna estructural y colapso de ingresos por turismo y remesas representa el escenario más próximo a un colapso sistémico que ha vivido la isla en décadas recientes. Mientras el gobierno insiste en priorizar el turismo como salvavidas de divisas —garantizando incluso autonomía energética en hoteles—, la población enfrenta apagones prolongados, inflación galopante y una rutina diaria cada vez más precaria.











