La formación de Montero y Belarra queda por debajo del 1%, pierde el único escaño que tenía de 2023, y Se Acabó La Fiesta roza el 3 %
Los mítines podemitas con botes de «lágrimas de fachas», clamando por el barrido poblacional que quien no sea comunista, se ha saldado con su propio barrido en las urnas de Aragón. Con el 98,77% escrutado, el batacazo de los morados fue tal que el partido que “no existía” en las encuestas, Se Acabó La Fiesta (SALF), suma 17.986 votos (2,74 %). Podemos-AV, apenas 6.203 (0,94 %).
Casi tres veces más. Con estos números, SALF queda a las puertas del 3% provincial que permite optar a escaño en Zaragoza (2,74% en Aragón); Podemos, directamente fuera del Parlamento.
En 2023, Podemos-AV obtuvo el 4,01 % y un diputado. Dos años y medio después, con una candidata (María Goikoetxea) que apenas ha aparecido en medios nacionales y una campaña invisible, salvo el polémico mitin de las «lágrimas de facha», pero el partido se desploma por debajo del umbral electoral.
El mismo partido que durante años ha tenido altavoz constante en televisiones públicas y privadas, tertulias de máxima audiencia y portadas favorables, hoy no llega ni a la mitad de los votos que cosecha un movimiento nacido hace menos de dos años en redes sociales y sin apenas estructura orgánica.
De la hegemonía mediática al ostracismo en las urnas
Podemos ha desaparecido del radar. Ni debates, ni entrevistas destacadas, ni presencia en prime time, pero el resultado fue un batacazo que confirma lo que los sondeos perfilaron: la izquierda institucionalizada ha perdido el contacto con una parte importante de su antiguo electorado, que ahora prefiere opciones más disruptivas y menos “institucionales”.
Dentro del cainismo habitual de la sopa de siglas de la ultraizquierda, Izquierda Unida se llevó los restos del voto comunista y obtuvo un representante a pesar de no llegar al 3% en Aragón (le bastó con llegar en la circunscripción provincial de Zaragoza).











