La escena parece sacada de una película, pero ocurrió a plena luz del día y en una de las zonas más transitadas de Algeciras. Un trabajador municipal fue obligado a bajar de su furgoneta a punta de navaja.
Minutos después, la Policía Local tuvo que realizar disparos disuasorios para evitar una huida que puso en peligro a los agentes.
El resultado: un detenido extremadamente violento, varios delitos graves y un nuevo debate sobre la seguridad en la ciudad.
El protagonista de los hechos es un marroquí de 21 años, nacido en Marruecos, que terminó reducido tras una intervención policial de alto riesgo.
Un asalto relámpago en una zona concurrida
Todo comenzó cuando un operario de la empresa pública de limpieza ALGESA circulaba con normalidad por las inmediaciones de Plaza Verboom.
Según el testimonio del trabajador, un individuo lo interceptó de forma repentina. Sin mediar discusión, sacó una navaja que llevaba escondida en el calcetín y, blandiéndola, le obligó a abandonar la furgoneta. El asalto fue rápido, directo y violento. El agresor se subió al vehículo municipal y emprendió la huida.
El empleado, aún en estado de shock, logró alertar a una patrulla cercana de la Policía Local de Algeciras, que activó de inmediato un dispositivo de búsqueda por la zona.
Localizado con el arma y actitud hostil
Con los datos facilitados, los agentes comenzaron una batida por las inmediaciones. No tardaron en localizar la furgoneta robada y a un individuo cuyas características coincidían plenamente con las descritas por la víctima.
El sospechoso se encontraba intentando arrancar el vehículo cuando fue sorprendido por los policías. En ese momento, los agentes ya sabían que el individuo portaba un arma blanca, por lo que se aproximaron extremando las medidas de seguridad y con sus armas reglamentarias preparadas.
Lejos de colaborar, el varón adoptó una actitud claramente hostil. Según fuentes policiales, llegó a intentar sacar de nuevo la navaja ante la presencia de los agentes, lo que elevó la tensión del operativo a un nivel crítico.
Disparos disuasorios para evitar una tragedia
Ante la amenaza directa, uno de los agentes efectuó un primer disparo disuasorio contra el suelo con el objetivo de que depusiera su actitud. No solo no lo hizo, sino que intentó huir nuevamente con la furgoneta.
En ese momento, uno de los policías se encontraba en la trayectoria del vehículo, lo que obligó a su compañero a realizar un segundo disparo intimidatorio para evitar que el agente fuera atropellado.
La situación, extremadamente peligrosa, se resolvió segundos después cuando los policías lograron sacar al individuo del interior de la furgoneta. La intervención, sin embargo, distó mucho de terminar ahí.
Patadas, mordiscos y resistencia extrema
Una vez fuera del vehículo, el detenido opuso una resistencia violenta y continuada. Patadas, puñetazos e incluso mordiscos fueron utilizados para tratar de evitar su detención.
La agresividad no cesó ni siquiera durante el traslado a dependencias policiales. Allí, el individuo continuó intentando agredir a los agentes, lo que obligó a inmovilizarlo por razones de seguridad tanto para los funcionarios como para él mismo.
Durante todo el proceso se negó a facilitar cualquier dato sobre su identidad, dificultando el trabajo policial y prolongando una intervención ya de por sí compleja.
Identificado por huellas y con varios delitos encima
Finalmente, ya en sede policial, los agentes lograron identificarlo mediante sus huellas dactilares. Se trata de S.B., un joven de 21 años, nacido en Marruecos y domiciliado en Torremolinos.
Sobre él pesan varios delitos de consideración: robo con violencia, atentado contra agentes de la autoridad y conducción de un vehículo a motor sin haber obtenido nunca permiso para ello.
Tras la instrucción de las diligencias correspondientes, el detenido fue trasladado a la Comisaría de la Policía Nacional, donde quedó custodiado hasta su puesta a disposición judicial.
Un suceso que vuelve a encender las alarmas
El incidente ha generado una fuerte reacción en la ciudad. No solo por la violencia del asalto, sino por el nivel de riesgo que alcanzó la intervención, con disparos policiales incluidos y agentes en peligro directo.
El robo de un vehículo municipal a punta de navaja, en pleno día y en una zona urbana, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad en Algeciras y la presión a la que se enfrentan los cuerpos policiales en determinadas actuaciones.
Mientras tanto, el trabajador de ALGESA se recupera del susto y la investigación judicial sigue su curso. Un episodio más que deja claro que, en cuestión de segundos, una jornada laboral cualquiera puede convertirse en una escena límite.











