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El Dalai Lama niega nexos con Epstein pero se le vio en 2023 pidiendo a un niño que le chupara la lengua

Aquel episodio en Dharamsala desató una oleada de indignación global y duras críticas por parte de organizaciones de protección a la infancia

El líder espiritual tibetano, el 14.º Dalai Lama, ha desmentido categóricamente cualquier vínculo con el fallecido financiero Jeffrey Epstein tras la aparición de su nombre en la última tanda de documentos judiciales desclasificados. Esta revelación ha provocado un fuerte impacto en la opinión pública internacional, dado que los archivos detallan el extenso círculo social y las conexiones del convicto depredador sexual estadounidense.

A través de un comunicado oficial emitido por su oficina, el Premio Nobel de la Paz aseguró que nunca conoció personalmente a Epstein ni visitó sus propiedades privadas, como la polémica isla Little St. James. Sus representantes subrayaron que la inclusión de su nombre en los registros no implica necesariamente la comisión de delitos, pero fueron tajantes al señalar que no existe evidencia de contacto directo ni conocimiento de las actividades ilícitas llevadas a cabo por la red de tráfico infantil de Epstein.

No obstante, esta nueva polémica surge en un momento de extrema vulnerabilidad para la imagen del líder religioso. La mención en los «archivos Epstein» ha reavivado inevitablemente el recuerdo de las graves acusaciones que enfrentó en abril de 2023.

Al Dalai Lama le gusta que los niños le chupen la lengua

En aquella ocasión, un vídeo captado durante un evento público en el templo Tsuglagkhang en Dharamsala, India, dio la vuelta al mundo. En las imágenes se observaba al Dalai Lama besando a un niño en los labios para luego pedirle que le «chupara la lengua».

Aquel episodio en Dharamsala desató una oleada de indignación global y duras críticas por parte de organizaciones de protección a la infancia, que calificaron el comportamiento de «totalmente inapropiado«. Aunque su entorno se disculpó posteriormente alegando que se trató de una interacción «juguetona e inocente» bajo un contexto cultural malinterpretado, el daño a su reputación fue profundo.

Estas viejas acusaciones de conducta impropia con menores explican la rapidez con la que su oficina ha buscado hoy distanciarse de cualquier sombra de sospecha vinculada al caso Epstein.

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