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Rufián se queda sin silla y agita la izquierda para sobrevivir políticamente

Gabriel Rufián vuelve a estar en el alambre. El portavoz de ERC en el Congreso sabe que no repetirá como cabeza de lista y, ante ese horizonte incierto, ha decidido mover el tablero. La posible defenestración de Rufián como número uno de Esquerra no es un rumor menor: es el síntoma de una fractura interna que puede reordenar el espacio independentista y alterar los equilibrios de la izquierda en España.

La palabra clave es clara: defenestración de Rufián. Y todo indica que no es una amenaza vacía.

La ruptura silenciosa entre Rufián y Junqueras

Las relaciones entre Gabriel Rufián y Oriol Junqueras atraviesan su peor momento. En el entorno del líder republicano dan por rota la sintonía política que durante años sostuvo al diputado en Madrid.

Junqueras no quiere saber nada de un frente amplio de izquierdas que diluya las siglas de ERC. Y, según distintas voces del independentismo, tampoco está dispuesto a facilitar que Rufián lidere un nuevo proyecto bajo otro paraguas.

El choque no es solo estratégico. Es también generacional y de modelo. Mientras Junqueras prioriza reforzar el perfil propio de Esquerra, Rufián apuesta por una confluencia que incluya a Comuns, CUP e incluso sectores próximos a Sumar. Dos visiones incompatibles.

Rufián y Tardà el eje minoritario que desafía a la dirección

El principal respaldo de Rufián dentro del partido es Joan Tardà, ex portavoz en el Congreso y defensor histórico de la unidad de la izquierda alternativa. Tardà ha pasado de formular la idea en términos teóricos a presionar abiertamente para que ERC impulse una candidatura conjunta en 2027.

Pero su posición es minoritaria.

La dirección teme que ese movimiento desdibuje la identidad republicana y otorgue alas a una corriente que hoy no controla el partido. La defenestración de Rufián, por tanto, no es solo una cuestión personal: es una batalla por el alma de Esquerra.

No es la primera vez que Rufián roza el abismo

La carrera de Rufián en ERC ha estado marcada por altibajos. Ya estuvo a punto de quedar relegado en el último congreso del partido. Si hubiera ganado la candidatura alternativa encabezada por Teresa Jordà, su papel en Madrid habría quedado reducido a la irrelevancia.

Se salvó entonces. Ahora, el margen es mucho menor.

Su insistencia en el frente amplio ha sido interpretada por algunos sectores como un movimiento a la desesperada. “No va a volver a encabezar la candidatura y lo sabe”, deslizan fuentes de la izquierda catalana. De ahí su activismo público y sus mensajes desafiantes en redes sociales.

El frente amplio que nadie termina de comprar

La propuesta de Rufián choca con varias realidades:

Bildu no se ha sumado a la iniciativa.
Los partidos del espacio de Sumar están centrados en su propia reorganización.
Las tensiones internas en el Gobierno ya son suficientes sin abrir otro frente.

Mientras tanto, figuras como Antonio Maíllo ven con simpatía el debate sobre la unidad, aunque insisten en que el liderazgo debería dirimirse en primarias. El problema es evidente: ¿quién encabezaría ese hipotético proyecto? ¿Rufián, Yolanda Díaz, Irene Montero? La ecuación parece imposible.

Un movimiento para no desaparecer

La defenestración de Rufián como cabeza de lista no solo supone perder un puesto. Supone perder visibilidad nacional, foco mediático y capacidad de influencia.

En política, quien no lidera desaparece.

Por eso el portavoz republicano ha intensificado su agenda pública, participa en debates sobre la unidad de la izquierda y lanza mensajes dirigidos tanto a su partido como al electorado progresista desencantado.

El trasfondo es claro: si ERC no le ofrece futuro, necesita construir una alternativa.

ERC ante una decisión estratégica

La dirección republicana deberá decidir en los próximos meses si apuesta por un relevo en Madrid que marque un nuevo ciclo o si asume el coste interno de apartar a una de sus figuras más reconocibles a nivel estatal.

No es un dilema menor.

Rufián ha sido durante años el rostro de ERC en el Congreso. Ha pasado de las performances iniciales a una imagen más institucional, aunque sigue utilizando la provocación como herramienta política en comisiones y debates.

Su salida como cabeza de lista enviaría un mensaje contundente: el partido quiere girar página.

El riesgo para la izquierda

El debate no afecta solo a ERC. La fragmentación del espacio progresista preocupa en un contexto donde la derecha aparece consolidada.

La pregunta que sobrevuela todo es incómoda: ¿puede la izquierda permitirse más divisiones?

La respuesta, por ahora, parece ser que cada formación prioriza su supervivencia antes que una gran alianza. Y ahí es donde Rufián intenta abrir hueco.

Si fracasa, su margen político se reducirá drásticamente.

Si logra activar el debate y forzar movimientos, podría reinventarse como articulador de una nueva etapa.

Lo que está en juego

La defenestración de Rufián no es solo un ajuste interno. Es un síntoma de desgaste, de luchas estratégicas y de un espacio político en plena redefinición.

En política, resistir es vencer. Pero también lo es saber cuándo reinventarse.

Rufián lo está intentando. La incógnita es si llega a tiempo.

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