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La portavoz que vetó a Vox en las protestas por Rodalies dará el salto a ERC junto a Joan Tardà

El caso ha encendido las redes y ha abierto una nueva grieta en el independentismo catalán. La portavoz de la plataforma de usuarios de Rodalies que vetó públicamente a Vox y Aliança Catalana en plena crisis ferroviaria resulta ser militante de ERC. Y no solo eso: Anna Gómez encabezará junto a Joan Tardà la corriente Àgora Republicana dentro del partido.

La revelación cambia el marco del debate. Lo que se presentó como una movilización transversal y ciudadana contra el caos en Rodalies adquiere ahora una dimensión claramente política.

De portavoz de usuarios a referente orgánico de ERC

Anna Gómez fue una de las caras visibles de la plataforma ‘Dignitat a les vies’, convertida en altavoz del malestar por los retrasos, averías y colapsos constantes en el servicio ferroviario catalán.

Días antes de la manifestación del 7 de febrero, declaró públicamente que “Vox y Aliança Catalana no son bienvenidos”. Aquella frase generó polémica al contradecir el carácter supuestamente transversal de la convocatoria.

Ahora se ha confirmado que Gómez formará tándem con Joan Tardà en Àgora Republicana, una corriente interna que se formalizará en el congreso nacional de ERC.

El salto de la calle a la estructura partidista ya es oficial.

La sospecha que muchos ya tenían

En sectores críticos, la noticia ha sido interpretada como la confirmación de una sospecha latente: que parte del activismo social estaba conectado con estrategias partidistas.

Algunos comparan el movimiento con el camino que en su día siguieron figuras como Ada Colau, que pasaron del activismo a la política institucional.

El argumento es claro: si la portavoz que vetaba a determinadas formaciones era militante de ERC, ¿hasta qué punto la plataforma actuaba con neutralidad política?

ERC intenta capitalizar el malestar por Rodalies

La crisis de Rodalies se ha convertido en un campo de batalla político.

Mientras Comuns y CUP pugnan por liderar el movimiento por la vivienda, ERC estaría intentando capitalizar el descontento ferroviario. La paradoja es evidente: el partido ha formado parte de gobiernos tanto en Cataluña como en Madrid durante años.

Críticos internos señalan esa contradicción: denunciar el caos mientras se ha participado en estructuras de poder que no lo han resuelto.

En redes sociales, tras conocerse el salto de Gómez a Àgora Republicana, aparecieron mensajes cuestionando su coherencia política.

El choque con la ANC que ahora cobra sentido

El 7 de febrero hubo dos manifestaciones por el mismo motivo.

Por la mañana, la ANC convocó una marcha independentista contra el caos de Rodalies.

Por la tarde, ‘Dignitat a les vies’ y la ‘Xarxa de Plataformes d’Usuaris de Tren de Catalunya’ organizaron otra movilización apoyada por una veintena de entidades, entre ellas Òmnium Cultural.

La ANC acusó a estas plataformas de contraprogramar para diluir el mensaje independentista que vinculaba la solución al problema ferroviario con la ruptura con España.

En aquel momento se habló de diferencias estratégicas. Hoy, con la militancia de Anna Gómez sobre la mesa, algunos interpretan aquel pulso como una pugna interna dentro del espacio soberanista.

Incomodidad en el independentismo

El movimiento puede generar tensiones dentro del propio independentismo. El sector de Joan Tardà es visto por algunos como el ala más pragmática o “españolista” dentro de ERC.

Que la portavoz de una plataforma que, según la ANC, boicoteó la manifestación independentista se alinee ahora con Tardà añade un nuevo capítulo a la disputa interna.

El debate no es solo sobre trenes. Es sobre liderazgo, estrategia y control del relato.

¿Activismo genuino o trampolín político?

La gran pregunta que emerge es incómoda: ¿fue la plataforma estrictamente ciudadana o un espacio desde el que construir proyección política?

El malestar por Rodalies es real. Los retrasos y averías afectan a miles de usuarios cada día. Pero cuando una de las principales portavoces da el salto orgánico a un partido concreto, el foco cambia.

La transversalidad queda en entredicho.

Y en política catalana, donde la competencia por el liderazgo del espacio independentista es feroz, cada movimiento cuenta.

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