España se marcha de los Juegos de Invierno con una imagen imborrable. El bronce en el relevo mixto de esquí de montaña conquistado por Ana Alonso y Oriol Cardona no fue una medalla más. Fue una montaña rusa emocional que terminó en lágrimas, incertidumbre y un final épico que ya forma parte de la historia olímpica española.
Con esta presea, el equipo nacional cierra su mejor participación en unos Juegos de Invierno: tres medallas, todas en skimo, en el estreno olímpico de la disciplina en Milán-Cortina 2026.
Un relevo mixto al límite que casi termina en descalificación
La prueba fue una auténtica batalla táctica desde el inicio. La francesa Emily Harrop salió con su habitual estrategia suicida, abriendo hueco con una ventaja de hasta 36 segundos. Ana Alonso, inteligente, no entró en esa guerra inicial.
Pero los problemas llegaron después.
En la primera transición, cuando España marchaba segunda, la granadina perdió 11 segundos eternos al atascarse con las tablas y las pieles. Un error impropio de una especialista siempre milimétrica en esos movimientos. Eso obligaba a Oriol Cardona a remar contracorriente.
Y lo hizo.
La sanción que congeló el podio
La segunda posta de Ana Alonso fue un ejercicio de supervivencia. Compitiendo con el ligamento cruzado anterior roto, tras meses de incertidumbre y rehabilitación acelerada para evitar la cirugía, la andaluza aguantó el ritmo salvaje de la suiza Marianne Fatton.
Pero en la última transición cometió un error crítico: se salió del perímetro balizado para realizar el cambio. Una infracción clara.
Durante unos segundos, el silencio fue absoluto. En la retransmisión apareció una tarjeta amarilla. ¿Descalificación? ¿Cuántos segundos de penalización?
Fueron tres.
Tres segundos que supieron a eternidad. Las cámaras captaron el grito de alivio de Alonso y el llanto desconsolado de Cardona. El equipo había estado a centímetros del abismo.
Oriol Cardona y un final a corazón abierto
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En la última posta, el de Banyoles hizo lo que solo él sabe hacer: correr al límite de lo humano. Recortó distancias al francés Thibaut Anselmet y al suizo Jon Kistler en un tramo final eléctrico.
Uno de sus entrenadores lo resume así: combina potencia, resistencia y una capacidad brutal para tolerar el sufrimiento. Y, sobre todo, un control emocional fuera de lo común.
Aunque en esta ocasión ni siquiera él pudo contener las lágrimas.
España terminó tercera, con más de 16 segundos de margen sobre el cuarto equipo, el estadounidense. Suficiente para asegurar un podio que parecía escaparse.
Tres medallas que cambian la historia del deporte español
El bronce en el relevo mixto se suma al oro individual de Oriol Cardona y al bronce logrado por Ana Alonso en la prueba individual días atrás.
Tres metales que convierten a Milán-Cortina en la mejor actuación española en nueve décadas de Juegos de Invierno.
El esquí de montaña, en su debut olímpico, ha sido la gran revolución. Y el dúo Alonso-Cardona, subcampeón del mundo la temporada pasada, ha demostrado que su compromiso como pareja deportiva está por encima de cualquier ambición individual.
Ambos decidieron mantenerse juntos incluso cuando la lesión de Alonso parecía dejar fuera a España de la lucha por las medallas. Apostaron. Y ganaron.
Un bronce que sabe a oro… y a advertencia
Oriol Cardona lo dejó claro ante los micrófonos: “Venimos a por el oro”. El objetivo era máximo. La ambición, también.
Pero el desenlace deja varias lecturas:
• La presión tras los éxitos individuales pasó factura.
• La gestión emocional fue determinante.
• El skimo olímpico todavía genera dudas reglamentarias incluso entre los propios competidores.
El margen entre la gloria y el desastre fue de apenas tres segundos.
Tres segundos que hoy separan una descalificación histórica de un podio que ya es leyenda.
España cierra los Juegos con una sensación extraña: orgullo absoluto y la certeza de que el techo todavía no se ha tocado.
La próxima cita olímpica será en 2030, en Francia. Y si algo ha demostrado este equipo es que cuando compiten juntos, el límite está mucho más arriba de lo que parece.












