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Pedro Sánchez niega la guerra pero envía datos para derribar misiles iraníes

Margarita Robles revela la profunda hipocresía del Gobierno Sánchez y anuncia que podría enviar tropas para proteger a Chipre

El Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a mostrar su cara más contradictoria en plena escalada de la guerra con Irán. Mientras la ministra de Defensa, Margarita Robles, insiste una y otra vez en que España mantiene una «posición clara, nítida y firme» de rechazo a cualquier participación en «misiones de ataque» y niega rotundamente haber autorizado el uso de las bases de Rota y Morón para la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, la realidad sobre el terreno y las propias declaraciones oficiales revelan una implicación militar española mucho más profunda de lo que el Ejecutivo quiere admitir.

En una entrevista en la Cadena SER este 5 de marzo de 2026, Robles reveló un dato que el Gobierno había mantenido en bajo perfil hasta ahora: militares españoles desplegados en Turquía (en el marco de la batería Patriot de la OTAN) aportaron «información suficiente» para que se interceptara un misil iraní lanzado sobre el Mediterráneo oriental, cuyos restos cayeron en territorio turco.

Aunque la ministra se apresuró a precisar que «la batería española no fue la que derribó el misil«, la contribución española fue clave en la defensa activa frente a un ataque iraní. En otras palabras: España ya está participando —aunque sea de forma indirecta— en operaciones de contención militar contra Irán.

Paralelamente, Robles abrió la puerta a enviar tropas españolas en una futura misión de la Unión Europea para proteger a Chipre, argumentando que «una cosa son misiones de ataque y otra de defensa» y que el Gobierno «lo valorará» si la UE lo solicita formalmente. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, fue en la misma línea al afirmar que «se puede valorar participar en una operación para defender a un socio europeo, como España ya ha hecho en otras ocasiones».

Defensa o ataque

Sin embargo, esta supuesta distinción entre «defensa» y «ataque» choca frontalmente con las denuncias que llegan desde la izquierda del hemiciclo y con el propio historial reciente del Gobierno.

Hace apenas tres días, la líder de Podemos, Ione Belarra, acusaba directamente a Sánchez de «hablar de paz mientras hace la guerra» y denunciaba la «hipocresía» del Ejecutivo por el presunto uso de aviones y buques desde la base de Rota en apoyo a la ofensiva contra Irán, lo que —según Podemos— convertiría a España en «objetivo de guerra».

El contraste es evidente: el mismo Gobierno que se presenta como baluarte de la paz, que rechaza de forma «contundente» cualquier colaboración ofensiva con Estados Unidos y que presume de no ceder a las presiones de Donald Trump, admite al mismo tiempo aportes de inteligencia militar que ayudan a neutralizar misiles iraníes y se muestra dispuesto a desplegar soldados en el Mediterráneo oriental bajo bandera europea. Todo ello mientras mantiene más de 1.000 militares en Líbano en condiciones muy complicadas y sigue contribuyendo con medios en otras misiones OTAN en la zona.

EEUU e Israel

La estrategia del Ejecutivo parece clara: marcar distancias públicas con la operación liderada por EEUU e Israel (calificada de «unilateral» y sin «paraguas jurídico internacional»), mientras se implica selectivamente en acciones de «defensa» que, en la práctica, forman parte del mismo tablero geopolítico de contención a Irán. Una postura que, lejos de ser coherente, refuerza la percepción de que el «no a la guerra» del sanchismo es más retórico que real cuando los intereses aliados o europeos entran en juego.

Mientras Pedro Sánchez permanece «centrado y concentrado» según sus portavoces, y sin visos de adelanto electoral, la ciudadanía se pregunta: ¿cuánto tiempo más podrá sostener el Gobierno esta malabarismo verbal entre pacifismo declarado e implicación militar progresiva?

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