El Gobierno de Pedro Sánchez las sigue imponiendo a pesar de que un estudio confirma que son “un riesgo muy significativo para nuestra salud”
Las mascarillas desechables pueden suponer un riesgo para la salud por la contaminación ambiental; es algo que choca frontalmente con el articulado de ‘justicia social’ (y casi poética) de la Agenda 2030 que tanto promueve y promulga el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Un estudio publicado por Environmental Science & Technology asegura que el aumento exponencial de mascarillas y otro tipo de material desechable durante la pandemia, no solo ha provocado una mayor contaminación ambiental, sino que también representa un riesgo muy significativo para nuestra salud.
A lo largo de los 14 meses de pandemia, han sido varios los expertos que han alertado acerca de un uso erróneo o poco eficiente del material sanitario de protección individual. Jodi Sherman, directora del Programa de Sostenibilidad Ambiental de la Salud de la Universidad de Yale en los Estados Unidos, aseguró que el uso de las mascarillas es contraproducente si no se realiza de manera adecuada. Y es lo que siempre ha sucedido. Especialmente con el uso de mascarillas quirúrgicas, cuyo uso solo es indicado para quirófano.
Y en España, con la nueva imposición del uso de mascarillas, volvemos a ver a ciudadanos paseando por los parques en solitario con el cubrebocas (bozal lo llaman al otros) o incluso en el interior de sus vehículos. Y estos elementos luego terminan en el suelo, en zonas verdes, en las vías, en las playas, en zonas naturales…
Mascarillas contra el buenismo medioambiental
Y es precisamente lo que está ocurriendo desde inicios del 2024. Y ello contraviene el buenismo medioambiental que promueve la Agenda 2030. Y ello nos lleva al verano del año 2021, cuando de nuevo este Gobierno de España obligaba a mantener las mascarillas incluso en zonas abiertas y naturales como los montes y las playas, hecho que suscitó oleadas de críticas del mundo ecologista. Mientras, el aumento de tiktokers desde el ámnbito sanitario seguía en aumento.
Las mascarillas son protecciones que, una vez utilizadas, se convierten en residuos, y su mala gestión ha provocado serios problemas ambientales. Las mascarillas están confeccionadas de diminutas fibras de polipropileno, un material que prácticamente no se degrada, por lo tanto, se pueden acumular en medios marinos y terrestres, y ocasionar daños a animales, seres humanos y a los ambientes naturales.
Mascarillas y guantes: basura Covid
Las mascarillas son parte de esa denominada “basura Covid” de la que pocos hablan en estos tiempos, unidas a los guantes, que hoy siguen contaminando desmesuradamente nuestras patas, parques y calles.
Con la pandemia del coronavirus se disparó la contaminación por mascarillas, guantes y otros plásticos de un solo uso en la Unión Europea. Esto se está produciendo precisamente ahora en España, nuevamente. Y estas afirmaciones están avaladas por un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA): productos plásticos de un solo uso, que provocan gases de efecto invernadero y otras emisiones y pueden terminar dañando el medio ambiente.
La AEMA publicó un amplio informe denominado Impactos del COVID-19 en el plástico de un solo uso en el medio ambiente de Europa. El aumento de la producción y el consumo de mascarillas y guantes “han dado como resultado gases de efecto invernadero adicionales y otras emisiones, así como basura que puede dañar los ecosistemas y los animales”.
Ya nos hemos olvidado, pero no hace mucho tiempo aparecieron en los medios de comunicación vídeos y fotos de buzos recogiendo máscaras y guantes ensuciando las aguas…
Utilización masiva de recursos naturales
Y como dicen diversos estamentos oficiales, “los impactos ambientales y climáticos del incremento del uso de mascarillas y guantes desechables durante la pandemia vienen dados por utilización masiva de recursos naturales, los procesos de fabricarlas, su transporte, y, al final de su vida útil, el manejo de desechos y la basura. Los impactos durante la etapa de producción aparecen principalmente en países exportadores fuera de Europa, mientras que los relacionados con los residuos y la basura surgen en Europa”.
Las mascarillas y guantes llenos de basura se encuentran en calles, ríos, playas, costas y en el mar. “Los expertos advierten de que los peces y las aves pueden ingerir plásticos blandos y flexibles, y pueden enredarse físicamente”, afirmaba el informe: “Las mascarillas y los guantes ya se incluyen en el seguimiento de basura marina”.
Durante la pandemia de COVID-19 ya se habló de alerta por acumulación de mascarillas en las playas, litorales y lechos marinos. Esta basura marina es extraordinariamente perjudicial y una amenaza para la biodiversidad oceánica. Y el 75% de las mascarillas usadas, así como otros residuos relacionados con la pandemia, acabaron en vertederos o flotando en los mares.
El coste financiero en turismo y pesca
Daños medioambientales aparte, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que el coste financiero, en ámbitos como el turismo y la pesca, será de unos 40.000 millones de dólares.
El Programa advierte de que, de no gestionarse adecuadamente el gran aumento de los residuos médicos, muchos de ellos fabricados con plásticos de un solo uso, podría producirse un vertido incontrolado.
Entre las posibles consecuencias se encuentran los riesgos para la salud pública derivados de las mascarillas usadas infectadas, y la quema al aire libre o la incineración incontrolada de las mascarillas, lo que provocaría la liberación de toxinas en el medio ambiente y la transmisión secundaria de enfermedades a los seres humanos.
«La contaminación producida por los plásticos ya era una de las mayores amenazas para nuestro planeta antes del brote de coronavirus», afirma Pamela Coke-Hamilton, directora de comercio internacional de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. «El repentino auge del uso cotidiano de ciertos productos que sirven para mantener a salvo a las personas y detienen la enfermedad está empeorando mucho las cosas«, advirtió.
A pesar de las advertencias, el Gobierno de España sigue empeñado en obligar a los ciudadanos al uso de materiales plásticos ante el habitual estallido de las enfermedades respiratorias como la gripe, lo cual ha sucedido año tras año de diciembre a marzo.








