En España, el Ministerio de Sanidad confirmó hasta diciembre de 2022 cerca de 85.000 afectados por la inoculación y 500 fallecidos
Una pandemia derivada de una enfermedad mortífera procedente de China. En 2020 nació la Covid-19 provocada por un misterioso coronavirus. Primero nos contaron que su origen se debía a un murciélago o a un pangolín que fueron devorados por humanos. El virus se alojó en el hombre. Luego, esta versión se puso en duda y se barajó, con más firmeza, que el origen era creación del hombre y posterior fuga del bicho en un laboratorio chino.
El caso es que se confinó a medio mundo (solo el primer mundo), se levantaron medidas contrarias a los derechos y libertades de las personas, se impusieron estados de excepción (alarma, nos dijeron) totalmente inconstitucionales, se levantaron antenas 5g como champiñones…
Y luego, comenzaron las muertes, muchas de ellas de personas mayores no atendidas y abandonadas en centros sociales de las que poco se sabe.
Y en tiempo récord, un caso único en la historia de esta Humanidad, los laboratorios, de forma mágica, hallaron el gran remedio: vacunas infalibles. Y lo curioso es que todas las grandes farmacéuticas lanzaron la suya. Y se forraron en tiempo récord. En diciembre de ese mismo año, en unos pocos meses, ya estaban ahí. Listas para el pinchazo…
Tachados de conspiracionistas y negacionistas
Surgieron dudas, que fueron silenciadas: son conspiracionistas, negacionistas, enfermos, asesinos, insensatos… son los mismos que no se encierran en casa, que no llevan mascarillas cuando pasean en soledad en la playa o en las montañas, los que no hacen caso a las instrucciones dictatoriales de la OMS certificadas y avaladas por casi todos los gobiernos. Todo ello se decía, mientras los que daban las órdenes eran los ‘koldos‘ de turno que hacían su 2020-2021-2022 a base de mascarillas inútiles, test falibles, guantes ‘tipo Mercadona’ y un sinfín de material sanitario que se vendió a administraciones públicas (previo pago del ciudadano con sus impuestos) a precio de oro.
Y claro, en pocos meses llegaron las primeras muertes y graves efectos secundarios derivados directamente de las vacunas en todo el mundo.
Alemania suspendió la vacuna en marzo de 2021
La voz de alarma saltó en marzo de 2021, tres meses después de arrancar la vacunación forzosa y masiva. Y las autoridades sanitarias de la ciudad-estado de Berlín anunciaron la suspensión de la administración de la vacuna de AstraZeneca a los menores de 60 años tras la muerte por trombosis de nueve vacunados con este fármaco. Poco después, Múnich también se sumaba a esa suspensión.
Esta información fue silenciada por los grandes medios y jamás se dio noticia en las televisiones mientras nos mantenía encerrados ilegalmente en nuestras casas…
Y ahora, en abril de 2024 parece que todo empieza a ver la luz. Toca tramitar las denuncias y un tribunal alemán ha pedido más información a la compañía AstraZeneca.
Trombosis, coma y daños irreversibles
Una mujer alemana de 33 años que sufrió una trombosis tras la vacuna de la COVID-19 ha denunciado a AstraZeneca por los daños ocasionados. El tribunal ha admitido la demanda y ha obligado a la compañía farmacéutica a hacer pública toda la información que posea sobre este y otros efectos secundarios de la vacuna.
Pero poco después de que se iniciase la vacunación, en diciembre de 2020, empezaron a detectarse los primeros casos de trombosis. AstraZeneca poco hizo y se siguió vacunando, siguió haciendo caja. El virus mata, las vacunas matan menos, nos decían.
Australia también sacó a la luz casos de trombosis con trombocitopenia. Se dijo que afectaba a pocas personas y que muchas más se salvaban vacunándose. Todo por el bien de la humanidad.
El caso de la ciudadana alemana no es único; hay cientos de miles de afectados por las vacunas, tachadas por muchos científicos de “experimentales”, que afectan a todas las empresas fabricantes. Los demandantes, la demandante antes referida, exige cantidades de hasta 250.000 euros de indemnización, 17.200 euros por lucro cesante y hasta 600.000 euros por daños futuros.
Esta mujer de 33 años de la localidad de Hof sufrió una trombosis de las venas intestinales tras ser vacunada con la vacuna Vaxzevria de AstraZeneca, cayó en coma y aún hoy sufre las consecuencias. De momento ha conseguido que Astrazeneca proporcione toda la información relativa al cuadro clínico de las trombosis asociadas a su vacuna.
Los laboratorios siguen escondiendo información
En la sentencia parcial, el tribunal determina que el fabricante debe proporcionar datos sobre trombosis y todos los demás hallazgos que podrían ser importantes “para la evaluación de la aceptabilidad de los efectos nocivos” de la vacuna, en la medida en que se refieran al llamado síndrome de trombosis con trombocitopenia, en el período comprendido entre el 27 de diciembre de 2020 y el 19 de febrero de 2024. La orden podría extenderse a todos los efectos y efectos secundarios de la vacuna.
En principio, el tribunal considera que la vacuna es capaz de provocar trombosis y Astrazeneca debe presentar una declaración exhaustiva. Una vez que la información esté disponible, el tribunal puede nombrar un perito. El abogado de la demandante espera que a finales de año esté disponible un dictamen pericial. Según el abogado, “podrían pasar años antes de que se llegue a un veredicto, pero aun así habrá merecido la pena”.
Los cientos de muertos en España
En España, desde el principio de la vacunación, los casos adversos en personas, que fueron tamizados, se extendieron como la pólvora. Haciendo un breve resumen, por ejemplo, hasta el 11 de julio de 2021, fallecieron en España 254 personas que habían desarrollado efectos secundarios graves tras vacunarse contra la Covid y siete de ellas murieron por los trombos asociados a la de AstraZeneca. Así constaba en el séptimo Informe de Farmacovigilancia que Sobre Vacunas Covid-19 que ha publicó el Ministerio de Sanidad. Apenas trascendió porque se primaban vacunas por doquier: una dosis, dos dosis, tres dosis, niños, embarazadas, jóvenes sanos, adolescentes…
En esos tiempos, el 70 por ciento de las dosis administradas eran de Pfizer, el 18%, de AstraZeneca, el 9%, de Moderna y el 3% restante de Janssen.
Desde las primeras vacunas, en diciembre de 2020, y hasta el 5 de septiembre del año siguiente, se notificaban ya un total de 41.751 notificaciones de acontecimientos adversos de vacunas frente a la Covid-19. De ellas, 8.515 fueron consideradas graves y 300 presentaron un desenlace mortal.
Y ya en diciembre de 2022, es decir, dos años después del inicio de la vacunación, el Informe de Farmacovigilancia sobre Vacunas COVID del Ministerio de Sanidad recogía 84.650 notificaciones de acontecimientos adversos, 14.003 consideradas graves y 500 con desenlace mortal.
El Sanchismo hace la callada por respuesta
Uno de los afectados fue Pedro García García, de 49 años, profesor de Física y Química en un instituto de Barcelona y padre de dos hijos de siete y cuatro años. Dijo al diario Público: «Yo no juzgo si las vacunas fueron eficaces o necesarias. No soy antivacunas. Solo cuestiono la respuesta del Estado. Si te han recomendado que te vacunaras por el bien de la sociedad y algo no ha salido bien, ahora tienen que darte una respuesta». Pero el Gobierno de Sánchez no responde.
Entre tanto, siguieron las campañas de vacunación masiva, se silenciaron esas Navidades las 500 muertes confirmadas y los 85.000 afectados gravemente por la vacuna. Eso solo datos oficiales que han trascendido. Muchos especialistas confirman que son y siguen siendo muchos más.












