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Cecilia Sopeña borra su pasado en OnlyFans: «Ya no quiero ser explicada»

La campeona de ciclismo que triunfó como modelo erótica exige eliminar su rastro digital y anuncia acciones legales

Cecilia Sopeña ha decidido romper con su pasado y empezar de cero. La ciclista profesional, conocida tanto por sus triunfos sobre la bicicleta como por su controvertida incursión en el mundo del contenido erótico, ha anunciado públicamente su intención de activar el derecho al olvido. A través de un mensaje sincero y profundamente emocional, compartido en sus redes sociales, Sopeña ha manifestado su deseo de desvincularse por completo de una etapa que, aunque le trajo reconocimiento y ganancias económicas, también le generó un fuerte desgaste personal y social. Esta declaración marca un antes y un después en la vida de una mujer que ha decidido priorizar su bienestar emocional y su derecho a redefinir su identidad.

«He ganado un milloncito… pero no fue fácil»

En una entrevista reciente con el humorista Juan Dávila, Cecilia confesó con tono desenfadado que durante su etapa en OnlyFans llegó a ganar «un milloncito a base de hacer vídeos bonitos». Sin embargo, tras esa aparente ligereza se escondía una realidad mucho más compleja. Sopeña enfrentó el rechazo de parte de su entorno familiar, recibió acoso tanto en redes como en persona, y finalmente tuvo que renunciar a su carrera como ciclista debido a la presión mediática y social. La decisión de abandonar las competiciones no fue voluntaria, sino forzada por el estigma y la incomprensión. Hoy, con una perspectiva más serena, reconoce que aquel éxito económico no compensó el daño emocional que experimentó.

«Mi nueva libertad es poder decidir lo que ya no quiero»

La deportista ha explicado que este proceso de transformación personal viene gestándose desde hace tiempo. En su mensaje, habla desde la calma de una mujer que ya no necesita justificar sus elecciones, sino simplemente comunicar sus nuevos límites. «He iniciado una nueva etapa en mi vida: una etapa más consciente, más ordenada, más digna y profundamente coherente con quien he llegado a ser», afirma. La frase más potente de su comunicado refleja el núcleo de su decisión: «Mi nueva libertad es poder decidir lo que ya no quiero». Con estas palabras, Sopeña deja claro que su prioridad ya no es complacer ni entretener a nadie, sino respetarse a sí misma y proteger su integridad.

No se trata solo de una cuestión emocional o simbólica. Cecilia ha emprendido un camino legal concreto: ha activado el artículo 17 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que ampara el llamado «derecho al olvido». Esto implica que cualquier contenido relacionado con su antigua faceta como modelo erótica —fotos, vídeos, textos o enlaces— debe ser eliminado de Internet si ya no refleja su identidad actual ni cuenta con su consentimiento. «Tengo derecho a proteger mi imagen. Tengo derecho al olvido», ha escrito. Además, ha advertido que iniciará acciones legales contra cualquier difusión o almacenamiento de su contenido fuera de sus plataformas oficiales. En sus propias palabras: «No es amenaza. Es orden. Es protección».

«Ya no quiero ser interpretada»

Aunque sus cuentas en plataformas de contenido para adultos seguirán abiertas durante un tiempo por motivos fiscales y contractuales, Cecilia insiste en que ya no representan su imagen pública. Pide respeto y discreción en esta nueva etapa. «Mi nombre merece ahora silencio, honor y dirección», ha expresado con rotundidad. También ha reflexionado sobre la necesidad de liberarse del juicio ajeno: «No necesito validación externa. Mi nueva libertad es poder decidir lo que ya no quiero. Y ya no quiero estar expuesta. Ya no quiero ser explicada. Ya no quiero ser interpretada». Es un mensaje dirigido tanto a sus seguidores como a los medios de comunicación y al público en general: el derecho a cambiar, a evolucionar y a dejar atrás aquello que ya no nos representa.

Una historia de ruptura y renacimiento

Cecilia Sopeña, que en su momento se definió como «actriz porno de autogestión propia», pone punto final a esa etapa con una mirada firme hacia el futuro. No reniega de su pasado, pero tampoco quiere que la siga definiendo. «Mi historia ha sido intensa, pero mi presente es limpio. Y mi futuro… mío», concluye. Su testimonio no solo pone sobre la mesa un debate necesario sobre la exposición digital, la autonomía personal y la hipocresía social, sino que también puede servir de inspiración para muchas personas que buscan reinventarse sin tener que cargar eternamente con sus decisiones anteriores.

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