Asfixiada, escondida durante 45 días y enterrada en la arena. La historia de Matilde Muñoz, la jubilada española asesinada en Indonesia, ha conmocionado a su familia, indignado a sus amigos y despertado la sospecha de que el crimen está lejos de haberse resuelto del todo. ¿Quién mató realmente a Mati? ¿Por qué las autoridades tardaron tanto en actuar? Y lo más desconcertante: ¿la asesinaron por solo 155 euros?
Una vida nómada, una desaparición silenciosa
Matilde Muñoz Cazorla, de 72 años, era natural de Ferrol pero residía en Palma de Mallorca. Antigua azafata de Spantax y profesora de yoga, llevaba años viajando sola por el Sudeste Asiático, alojándose largas temporadas en la isla indonesia de Lombok. Allí, en el hotel Bumi Aditya, se sentía en casa.
La última vez que sus amigos supieron de ella fue a finales de junio. Empezaron a preocuparse cuando sus mensajes dejaron de responderse. Aunque el móvil seguía activo, pronto cayó en el silencio. El 2 de julio, se formalizó su desaparición.
Un hotel con versiones contradictorias
Desde el primer momento, los allegados de Matilde señalaron al hotel. Aseguran que los responsables ofrecieron versiones inconsistentes, que desviaron la atención de los agentes hacia habitaciones equivocadas y que incluso ocultaron pertenencias personales de Mati, algunas de las cuales terminaron en la basura del establecimiento.
El dato más grave: durante 45 días, el cadáver de Matilde permaneció oculto en un cuarto trastero del hotel, a pesar del olor y de la cercanía con las zonas inspeccionadas. Solo cuando aumentó la presión mediática y diplomática, los autores decidieron mover el cuerpo.
El crimen: dos empleados, una ventana y 155 euros
Los detenidos, S.U. (34 años) y H.R. (30), eran un trabajador activo y un exempleado del hotel, este último despedido por robo. Según su confesión, accedieron al bungalow 107 la madrugada del 2 de julio con la intención de robar.
Matilde se despertó y les enfrentó. Ellos, en respuesta, la asfixiaron con sus manos. Envolvieron su cuerpo en una sábana y lo escondieron en el trastero. ¿El botín? Aproximadamente tres millones de rupias indonesias, unos 155 euros, y una tarjeta de débito que no pudieron usar.
Un traslado grotesco y un entierro improvisado
Días antes de ser descubiertos, los agresores usaron una moto de pequeña cilindrada para llevar el cadáver hasta una playa cercana, Batu Bolong, a menos de un kilómetro del hotel. Allí cavaron un hoyo con las manos y enterraron el cuerpo. La Policía lo encontró el 30 de agosto, tras hacerles confesar.
La familia exige que no se cierre el caso en falso
«Estamos convencidos de que hay más implicados«, denuncia la familia de Matilde, que cree que los responsables del hotel podrían haber encubierto el crimen o incluso participado en él.
La lentitud de la policía local, sumada a errores en la investigación y contradicciones desde el principio, ha generado una sensación de impunidad.
La familia y allegados piden que la Embajada española no permita que el caso se cierre en falso, y que se investigue a fondo la posible participación de otros empleados del hotel.
¿Un crimen evitable?
El caso de Mati ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de las mujeres mayores que viajan solas y la falta de protección real en destinos turísticos exóticos.
“Si se hubiera activado la búsqueda a tiempo, quizás Mati seguiría viva”, afirma Ana Jorba, una amiga cercana.
Muchos se preguntan si el crimen se habría tratado con más rapidez si la víctima hubiera sido una turista joven o procedente de otro país más mediático. La historia ha tocado un nervio sensible: ¿vale menos una vida por ser mujer, mayor y viajera?











