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Las mascarillas desechables usadas en la pandemia son “una bomba química”

El uso mundial de mascarillas para limitar su propagación durante meses ha dejado un claro impacto en el medio ambiente y en las personas

Confinamientos ilegales, dudosas medidas contra la libertad de las personas, imposición de distancias sociales, obligación de una vacunación masiva. Se cumplen casi seis años de la enfermedad llamada Covid-19. Fue también el nacimiento del uso indiscriminado en España y en medio mundo de mascarillas desechables, y muchas ‘fake’. Con ellas se han hecho de oro muchos empresarios y políticos y gobierno, junto a grandes multinacionales…

El uso mundial de mascarillas para limitar su propagación durante meses ha dejado un claro impacto en el medio ambiente. Un estudio de la Universidad Coventry (Inglaterra) sugiere que su uso se podría definir como una bomba química.

Bajo pena de cárcel, en España era obligatorio salir a la calle, cuando nos dejaban, ir con el tapabocas, el ‘bozal pandémico’. Estados como el de España pagó, de forma fraudulenta, bajo increíbles mordidas, presuntamente, un sinfín de mascarillas inútiles e inservibles que luego los ciudadanos tenía que abonar a precio de oro…

Y sí, casi toda la sociedad española hizo uso de ellas porque se suponía que evitaban los contagios. Pero no fue así. Luego llegaron las vacunas. También evitaban el supuesto contagio del nuevo virus, pero tampoco sucedió eso. Las farmacéuticas sí se llenaron los bolsillos…

Microplásticos

Pero de vueltas con las mascarillas, como señala la Universidad Coventry, a medida que se descomponen, liberan microplásticos y sustancias químicas al medio ambiente. Eso ya lo sabían los de la Agenda 2030 y los ‘sostenibles’ e ‘inclusivos’ que nos obligaban en España a llevarlas.

Desde Coventry han analizado cuántos microplásticos y aditivos químicos pueden desprenderse de diferentes tipos de mascarillas desechables, como las quirúrgicas y las filtrantes, que a menudo se emplean en centros sanitarios.

Para ello, los investigadores colocaron mascarillas sin usar en vasos de cristal con agua pura y las dejaron durante 24 horas. Después comprobaron que el agua se había filtrado y posteriormente llevaron las mascarillas al laboratorio para identificar qué tipos y cantidades de microplásticos y productos químicos se habían liberado.

Contaminantes presentes desde el proceso de fábrica

Los resultados evidenciaron que las mascarillas liberan estas sustancias sin necesidad de haber sido utilizadas, lo que sugiere que los contaminantes están presentes desde el proceso de fábrica, como recoge Onda Cero.

De entre todos los tipos de mascarillas estudiados, los investigadores llegaron a la conclusión de que las filtrantes liberaban de tres a cuatro veces más partículas microplásticas que las mascarillas quirúrgicas estándar.

Las partículas, que eran extremadamente pequeñas, estaban hechas principalmente de polipropileno, un plástico común en la fabricación de estos productos sanitarios. Otros plásticos detectados fueron el polietileno, el poliésternailon y PVC, sobre todo en las mascarillas filtrantes.

Este descubrimiento pone en alerta a la comunidad científica del medio ambiente, ya que estos materiales no se descomponen fácilmente y pueden causar daños en los ecosistemas y la fauna. Y además, nos los hemos tragado durante meses.

Liberación de sustancias químicas

Pero no solo la liberación de microplásticos es lo que preocupa a los científicos, sino que a través del estudio se descubrió que las mascarillas también liberan sustancias químicas como el bisfenol B.

Este tipo de químicos dañan a los peces y otros organismos acuáticos y, además, también podría afectar a las personas si llega a entrar en la cadena alimentaria.

«Necesitamos replantearnos cómo producimos, usamos y desechamos las mascarillas», apunta la doctora Anna Bogush y autora principal del estudio. «No podemos ignorar el coste ambiental que tiene, sobre todo cuando sabemos que los microplásticos y las sustancias que liberan pueden afectar negativamente tanto a las personas como a los ecosistemas».

Por tanto, desde Coventry, como recoge Onda Cero, animan a seguir concienciando a la población mundial de estos riesgos. «Tomemos decisiones informadas para proteger nuestra salud y el medio ambiente».

Demasiado tarde… O interesadamente tarde…

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