Una veintena de agentes han sido despedidos por su simpatía hacia el movimiento radical del Black Lives Matter
El FBI ha despedido a más de una docena de agentes federales que fueron captados arrodillándose en la vía pública durante las protestas por la muerte de George Floyd en 2020. Esta acción, que en su momento fue interpretada como un gesto de apoyo al movimiento Black Lives Matter, ha generado una fuerte polémica en el seno de la institución.
Despidos por «táctica de desescalada» durante las protestas
De acuerdo con un informe exclusivo de Reuters, entre 15 y 22 agentes han sido cesados en las últimas semanas. Aunque los agentes defendieron su accionar como una «táctica de desescalada» ante la tensión con los manifestantes, la dirección actual del FBI consideró la postura como una señal ideológica que comprometía la neutralidad de la institución.
Las imágenes de los agentes arrodillados circularon ampliamente en redes sociales y medios de comunicación durante el punto álgido de las protestas, convirtiéndose en un símbolo de la división interna dentro de las fuerzas de seguridad frente al movimiento por la justicia racial en Estados Unidos.
La Asociación de Agentes del FBI denuncia una purga ilegal
La Asociación de Agentes del FBI ha calificado los despidos como «ilegales» y ha solicitado una investigación formal por parte del Congreso. En un comunicado oficial, el sindicato expresó su preocupación por lo que consideran una violación al debido proceso y una posible represalia basada en criterios ideológicos.
Una reestructuración liderada por la actual dirección del FBI
Según The Washington Post, esta serie de destituciones se enmarca dentro de una reestructuración interna promovida por Kash Patel, actual director del FBI y figura cercana al presidente Donald Trump. Varios de los agentes implicados ya habían sido previamente removidos de sus funciones operativas.
En paralelo, al menos tres exfuncionarios —entre ellos el exdirector interino Brian Driscoll— han interpuesto demandas legales, alegando que sus ceses responden a una campaña de represalias políticas y no a criterios profesionales. Denuncian además la violación de derechos constitucionales por parte de la agencia.
Por su parte, Patel ha negado haber actuado bajo presiones externas y sostiene que las decisiones tomadas obedecen exclusivamente a evaluaciones internas de desempeño y conducta profesional.
El FBI guarda silencio sobre el caso
Mientras el sindicato de agentes continúa exigiendo transparencia y una auditoría independiente, la cúpula del FBI se ha limitado a declarar que no comenta sobre asuntos de personal. La controversia ha reavivado el debate sobre la libertad de expresión dentro de las fuerzas del orden y el equilibrio entre profesionalismo e integridad personal.











