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El influencer Dmitry Nuyanzin muere tras un reto extremo que lo llevó a comer 10.000 calorías al día

La muerte del influencer y entrenador personal ruso Dmitry Nuyanzin ha sacudido al mundo del fitness y ha reabierto un debate incómodo: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar algunos creadores de contenido por un puñado de visualizaciones?

Su nombre se viraliza hoy por la razón más trágica imaginable. Dmitry Nuyanzin murió mientras intentaba demostrar un método de adelgazamiento extremo basado en engordar primero a toda velocidad mediante una dieta de 10.000 calorías diarias. La palabra clave principal Dmitry Nuyanzin se convierte así en símbolo de los peligros reales de los retos virales.

Nuyanzin, muy conocido en Rusia por su disciplina física y sus programas de transformación, había anunciado a sus seguidores un experimento que «cambiaría la percepción del fitness». Su objetivo era tan arriesgado como morboso: ganar más de 25 kilos en pocas semanas, grabarlo todo y después perder el peso antes de Año Nuevo. Un show que pretendía demostrar su “método infalible” para adelgazar… pero que terminó por costarle la vida.

Una dieta imposible para cualquier organismo

Su rutina diaria se convirtió en una carrera hacia el colapso. Dmitry Nuyanzin se grababa comiendo lo que él mismo definía como “bombas calóricas”: bandejas de bollería industrial para desayunar, montañas de dumplings con mayonesa para comer y cenas compuestas únicamente por comida rápida, hamburguesas, patatas fritas y pizzas.

Diez mil calorías. Todos los días. Una cifra cinco veces superior al límite recomendado para un hombre adulto. A mediados de noviembre, ya había engordado 13 kilos en apenas un mes, cruzando los 100 kilos de peso.

Sus seguidores lo aplaudían. El algoritmo lo premiaba. Pero su cuerpo decía otra cosa.

El corazón dijo basta

Según medios rusos, entre ellos Ostorozhno Novosti, el entrenador sufrió un paro cardíaco mientras dormía. Su corazón no pudo soportar el estrés fisiológico extremo de bombear sangre en un cuerpo sobrecargado por una ingesta masiva y continuada de grasas y azúcares.

Los médicos lo han descrito como “un colapso anunciado”. Ganar tantos kilos en tan poco tiempo provoca un aumento súbito de presión, inflamación sistémica, estrés oxidativo y una exigencia descomunal sobre el sistema cardiovascular. Un cóctel perfecto para una muerte prematura.

La presión del algoritmo y la obsesión por la fama

Nuyanzin tenía formación profesional. Estudió en la Escuela de Reserva Olímpica de Orenburg y en la Universidad Nacional de Fitness de San Petersburgo. Sabía perfectamente lo peligroso de su reto. Sin embargo, como ocurre cada vez con más influencers, el éxito en redes pesa más que la salud.

La comunidad del fitness lo lamenta y, al mismo tiempo, reflexiona. ¿Cuántos jóvenes están copiando prácticas peligrosas para “viralizarse”? ¿Cuántos influencers están forzando su cuerpo para competir con métricas imposibles?

Este caso recuerda a otros episodios de presión pública y transformación física forzada. Un ejemplo reciente está en la noticia “Nelly Furtado tras las críticas por su cambio físico se retira de la música” donde la exposición pública llevó a la artista a una situación límite. La sociedad tiene una relación cada vez más tóxica con la imagen, los cuerpos y la atención digital.

Un fenómeno global: cuando la exposición pública tiene un coste psicológico

El auge de los contenidos extremos no es casual. Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube premian lo sorprendente, lo exagerado, lo escandaloso. El problema es que muchos creadores compiten en una carrera hacia el límite, donde cada publicación debe ser más intensa que la anterior.

Este escenario también está presente en otras historias relacionadas con la fama y su impacto emocional, como se analiza en “Operación Triunfo prepara un documental especial por su 25 aniversario”, un ejemplo claro de cómo la exposición mediática transforma vidas.

La tragedia de Dmitry Nuyanzin es, en el fondo, un síntoma de un ecosistema digital que premia la autodestrucción cuando esta genera clics, y que consume sin pestañear el sufrimiento ajeno convertido en espectáculo.

¿Es hora de regular el contenido extremo?

Tras su muerte, expertos en nutrición y medicina deportiva han criticado duramente la proliferación de retos sin supervisión que circulan por redes. Algunos apuntan a la necesidad de regular el contenido de salud igual que se regulan las apuestas, el tabaco o el alcohol.

Mientras tanto, otros casos muestran cómo los fallos en sistemas que deberían protegernos también generan alarma, como ocurre en “Fiscalía andaluza investiga los errores en el cribado del cáncer de mama”. En ambos escenarios, la conclusión es la misma: la salud no puede quedar en manos del azar, la improvisación o la viralidad.

Una vida truncada por un reto que nunca debió existir

Dmitry Nuyanzin buscaba impacto, atención y demostrar un método propio. Pero su historia no acaba con una transformación milagrosa, sino con una advertencia brutal:

No todos los retos virales tienen segunda oportunidad.

Y la pregunta que queda flotando es inevitable: ¿Cuántas vidas más hará falta perder para que dejemos de confundir entretenimiento con riesgo mortal?

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