El acuerdo sobre Gibraltar negociado entre la Unión Europea y el Reino Unido ha sido difundido únicamente en inglés, pese a afectar de lleno a España y estar a menos de 50 días de su aplicación provisional. La decisión ha provocado críticas directas al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, por no publicar una versión en castellano de un texto de más de 1.000 páginas.
La polémica no es menor: España reclama en Bruselas la oficialidad del catalán mientras el acuerdo que marcará el futuro del Peñón no está disponible en español.
Y eso ha encendido el debate político.
El acuerdo de Gibraltar solo en inglés y con el reloj en cuenta atrás
Ocho meses después del principio de acuerdo en Bruselas y dos meses tras cerrar las negociaciones técnicas, el texto definitivo —1.034 páginas de alta complejidad jurídica— se ha distribuido únicamente en inglés.
El calendario aprieta.
El 10 de abril entra en vigor el nuevo sistema biométrico de control de fronteras exteriores de la UE. Si no se aplica provisionalmente el acuerdo antes de esa fecha, las colas en la Verja podrían dispararse tanto para gibraltareños como para los cerca de 15.000 trabajadores españoles transfronterizos que cruzan a diario.
El tratado elimina la Verja y permite la libre circulación sin control de pasaporte entre ambos territorios. España asumirá los controles Schengen en el aeropuerto y el puerto de Gibraltar.
Pero el texto oficial no está en castellano.
Críticas por la defensa del español en la UE
Fuentes diplomáticas y dirigentes del PP han cargado contra el Ministerio por no publicar una versión en español cuando Exteriores cuenta con traductores jurados y estructuras dedicadas a la promoción del idioma.
El reproche es directo: si el español es lengua oficial de la Unión Europea, ¿por qué un acuerdo que afecta a la soberanía y a miles de trabajadores no se distribuye en ese idioma?
La crítica cobra más fuerza en un contexto donde el Gobierno ha impulsado en Bruselas la oficialidad del catalán.
Desde la oposición consideran que se ha descuidado “el elemento más básico de la política exterior: la defensa del español”.
¿Retraso deliberado para evitar un debate incómodo?
Otra sospecha sobrevuela el proceso: el momento de la publicación.
El texto llega con el margen justo antes de su aplicación provisional. Algunas voces sostienen que retrasar su difusión y hacerlo solo en inglés complica el análisis político y técnico antes de una eventual votación en el Parlamento Europeo.
El Gobierno ya ha solicitado comparecencia, pero evitará someter el acuerdo a votación en las Cortes para no arriesgarse a una derrota parlamentaria.
Desde el PP se habla abiertamente de “cacicada” y de intento de gobernar al margen del Parlamento en una cuestión estratégica.
Qué cambia realmente en Gibraltar
Más allá de la batalla política, el contenido del acuerdo introduce cambios históricos:
- Eliminación de la Verja como frontera física.
- Libre circulación de personas y mercancías.
- Controles Schengen gestionados por España en aeropuerto y puerto.
- Presencia de Guardia Civil y Policía Nacional en dichos controles.
- Posibilidad de patrullas conjuntas en el territorio.
En el texto final desaparece cualquier mención a Frontex, lo que implica que no habrá agentes europeos en los controles, sino exclusivamente españoles.
Un hecho inédito en más de tres siglos desde la pérdida del Peñón.
El fondo del debate soberanista
El grupo popular en el Parlamento Europeo sostiene que el acuerdo diluye la posición de ventaja que tenía España tras el Brexit respecto a la soberanía.
Desde el Ejecutivo, en cambio, insisten en que la posición española sobre la soberanía permanece intacta y que el tratado garantiza prosperidad compartida y cooperación fiscal, medioambiental y social.
La discusión ya no es solo diplomática.
Es política, lingüística y estratégica.
Un acuerdo histórico con polémica añadida
El Gobierno lo define como un tratado histórico que pone fin al último muro físico de la Europa continental. La oposición lo ve como una cesión apresurada.
Pero el detonante inmediato del debate ha sido otro: que el texto no esté en español.
En plena discusión sobre el papel de las lenguas en la UE, el acuerdo que marcará el futuro de Gibraltar se ha presentado en un único idioma.
Y eso ha abierto una grieta política inesperada.












