El actor y presentador no es dado a los titulares incendiarios, pero esta vez no se contuvo al hablar de Mazón. En el aniversario de la DANA que golpeó duramente a la Comunidad Valenciana, Arturo Valls ha sido rotundo:
“Defender a Mazón es terraplanismo. Tardó un año en asumir una responsabilidad que debía haber reconocido desde el primer día.”
Sus palabras han generado un amplio eco social y mediático, especialmente entre los valencianos que aún reclaman explicaciones y memoria para las víctimas de la catástrofe.
Un valenciano que no calla
Arturo Valls, uno de los rostros más carismáticos de la televisión española, ha hablado más claro que nunca. Y no lo ha hecho desde el humor, sino desde la indignación.
A propósito del primer aniversario de la DANA que golpeó con fuerza a la Comunidad Valenciana, el actor ha sido tajante:
“Defender a Mazón es terraplanismo. No se puede justificar lo injustificable. Tardó un año en asumir una responsabilidad que debía haber reconocido desde el primer día.”
Una frase que ha resonado con fuerza en las redes y entre los valencianos que aún reclaman rendición de cuentas por una tragedia que dejó víctimas y heridas abiertas.
“Lo mínimo habría sido dimitir”
Valls no oculta su frustración con la actitud del presidente valenciano:
“Cuando la gestión de una crisis falla y cuesta vidas, lo ético es dar un paso al lado. No pasa nada por reconocer que no estuviste a la altura. Lo grave es fingir que no ha pasado nada.”
El actor, nacido en Valencia y profundamente vinculado a su tierra, se declara orgulloso de su origen, pero crítico con sus dirigentes. “Ser valenciano también es exigir responsabilidad. No basta con presumir de la luz de Sorolla si no sabemos mirar de frente nuestras sombras.”
Del humor a la lucidez: la otra cara de Valls
Conocido por su ironía y su estilo desenfadado, Arturo Valls demuestra en esta etapa de su vida una mirada más ácida y reflexiva. Entre rodajes y entrevistas, el presentador confiesa que ya no siente la misma necesidad de hacer reír todo el tiempo:
“He aprendido a disfrutar con mesura. Beber sin emborracharme, reír sin fingir, vivir sin postureo. Lo que antes era hedonismo ahora es serenidad.”
Esta nueva filosofía, dice, tiene que ver con la crisis de los 50, un momento que lo ha hecho replantearse muchas cosas. “De pronto empiezas a mirar atrás, a perder gente, y te das cuenta de que no eres invencible. Te cambia la mirada y, sobre todo, la paciencia.”
Crítico con el periodismo y la censura
Valls también aprovecha para lanzar un dardo al panorama mediático actual. “Se ha perdido el cariño en las entrevistas. Hay muchas preguntas automáticas y poca curiosidad real. Falta amor por la profesión.”
Y sobre el clima político y cultural, no se guarda nada:
“Me preocupa la deriva autoritaria que se está extendiendo. En Estados Unidos, Trump intentó silenciar a cómicos que lo criticaban. Aquí, algunos aplauden esa censura según quién la sufra. Es peligrosísimo.”
“Las redes nos están robando la empatía”
Más allá de la política, Valls muestra una preocupación muy personal: el impacto de las pantallas y las redes en la convivencia.
“Estamos criando generaciones que no saben hablar cara a cara. Todo es inmediato, todo es ego. Y eso nos está rompiendo como sociedad.”
El actor asegura que intenta mantener a sus hijos lejos del exceso digital, aunque admite que es una batalla difícil. “No se trata de prohibir, sino de enseñar a desconectar. De volver al parque, a la conversación, al contacto humano.”
‘Pequeños calvarios’: humor, vida y contradicciones
Entre reflexión y autocrítica, Valls promociona su nueva película, Pequeños calvarios, una comedia absurda con trasfondo humano. “Tiene mucho de mi humor, pero también de lo que me inquieta: la soledad, el desencanto, el paso del tiempo.”
El actor dice que su objetivo ya no es solo hacer reír, sino “contar cosas que nos retraten a todos”. Y eso incluye la sátira política, la crítica social y las pequeñas miserias del día a día.
Un artista en plena reinvención
A sus 50 años, Arturo Valls se muestra más libre y más inconforme que nunca. Ha dejado atrás la necesidad de gustar a todos, y eso, dice, es lo que le ha devuelto la autenticidad.
“He aprendido que el humor no es esconder la verdad, sino decirla de otra forma.”
Y en esta entrevista, lo ha hecho sin máscaras ni guion.












