La Audiencia Nacional ha dado un primer paso que incomoda seriamente al Gobierno. El alto tribunal ha acordado abrir diligencias previas para estudiar una denuncia presentada contra el ministro de Transportes, Óscar Puente, por su presunta responsabilidad en el trágico accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), en el que murieron 45 personas.
La denuncia, interpuesta por la Asociación Libertad y Justicia, apunta directamente a un posible delito de homicidio imprudente. Aunque el recorrido judicial todavía es preliminar, el simple hecho de que la Audiencia Nacional haya decidido analizarla ya marca un antes y un después en un caso que sigue generando indignación social.
El accidente de Adamuz no solo dejó víctimas. Ha abierto una grieta política, judicial y emocional que amenaza con seguir creciendo.
La Audiencia Nacional mueve ficha, aunque no sea competente
Según han confirmado fuentes jurídicas, el titular del Juzgado Central de Instrucción número 6, Antonio Piña, solicitará a la Fiscalía que se pronuncie sobre si procede o no investigar los hechos en la Audiencia Nacional. Un trámite habitual, pero cargado de simbolismo dada la gravedad del caso y el perfil del denunciado.
Conviene recordar que la Audiencia Nacional no es competente para investigar directamente al ministro de Transportes. Al ser miembro del Gobierno, Óscar Puente está aforado y solo puede ser investigado por el Tribunal Supremo.
Aun así, la apertura de diligencias previas no es un gesto vacío. Permite analizar los hechos, el contenido de la denuncia y determinar si existen indicios suficientes como para elevar el asunto al órgano competente. En otras palabras: el caso no se archiva de entrada.
Qué denuncia exactamente la acusación
La Asociación Libertad y Justicia sostiene que el accidente de Adamuz no fue un hecho fortuito ni inevitable. En su escrito, la organización apunta a una cadena de decisiones, omisiones y fallos estructurales que, en su opinión, dependen directamente del Ministerio de Transportes.
La denuncia se apoya en la idea de que la seguridad ferroviaria es una competencia estatal y que cualquier deficiencia grave en infraestructuras, señalización o gestión puede tener consecuencias penales si deriva en una tragedia evitable.
Aunque el texto de la denuncia aún no ha trascendido en su totalidad, el eje central es claro: si hubo negligencia en la planificación, mantenimiento o supervisión del sistema ferroviario, las responsabilidades no pueden limitarse a escalones técnicos inferiores.
El accidente que conmocionó a España
El siniestro tuvo lugar el domingo 11 de enero, cuando dos trenes colisionaron en las inmediaciones de Adamuz, en la provincia de Córdoba. El balance fue devastador: 45 personas fallecidas y decenas de heridos, algunos de ellos de extrema gravedad.
Desde el primer momento, la tragedia generó preguntas incómodas. ¿Funcionaban correctamente los sistemas de seguridad? ¿Había avisos previos? ¿Se cumplían los protocolos establecidos? Preguntas que, semanas después, siguen sin respuesta pública clara.
Los juzgados de instancia de Montoro ya investigan las causas técnicas del accidente, en paralelo a la actuación de la Audiencia Nacional.
La investigación sobre el terreno
La Guardia Civil ha tomado declaración a uno de los maquinistas implicados en el accidente, así como a varios pasajeros que viajaban en los trenes siniestrados. Sus testimonios serán clave para reconstruir lo ocurrido en los minutos previos a la colisión.
Las diligencias se centran en la velocidad, las comunicaciones, el estado de la vía y el funcionamiento de los sistemas de control. Cada detalle cuenta, porque de ellos depende determinar si se trató de un error humano, un fallo técnico o una combinación de ambos.
Sin embargo, la denuncia contra el ministro introduce un elemento nuevo: la posible responsabilidad política y penal por omisión o mala gestión.
Un aforamiento que no frena la polémica
El aforamiento de Óscar Puente ante el Tribunal Supremo no implica impunidad, pero sí eleva el listón procesal. Para que el alto tribunal asuma el caso, deben existir indicios sólidos y bien fundamentados.
Ahí es donde entra en juego la Fiscalía. Su informe será determinante para saber si la denuncia se queda en un estudio preliminar o si, por el contrario, abre la puerta a un escenario judicial inédito para un ministro de Transportes en activo.
Mientras tanto, el debate ya se ha trasladado al terreno político y mediático. Para muchos familiares de las víctimas, la investigación judicial es la única vía para obtener respuestas y responsabilidades claras.
Silencio oficial y presión creciente
Por ahora, el Ministerio de Transportes guarda silencio sobre la denuncia y la decisión de la Audiencia Nacional. Una estrategia habitual en casos judicializados, pero que no contribuye a rebajar la tensión.
La presión social aumenta a medida que pasan los días y las víctimas siguen sin explicaciones públicas convincentes. El accidente de Adamuz no es solo un suceso trágico: se ha convertido en un símbolo de las dudas sobre la seguridad ferroviaria y la gestión política de infraestructuras críticas.
La pregunta ya no es solo qué ocurrió aquel 11 de enero. La pregunta es quién asumirá la responsabilidad si se demuestra que la tragedia pudo evitarse.












