La amenaza islamista sigue incrementándose en Europa
Los delitos relacionados con el islamismo radical en Baden-Württemberg, uno de los estados más prósperos de Alemania, han alcanzado niveles récord. Según datos del gobierno regional obtenidos mediante una interpelación parlamentaria del diputado Sandro Scheer (AfD), los crímenes calificados como «islamistas o fundamentalistas» se han triplicado entre 2020 y 2024, con un aumento notable en ataques violentos y en la implicación de menores de edad.
En 2020 se registraron 39 delitos vinculados al extremismo islamista, mientras que en 2024 la cifra escaló hasta 105, incluyendo amenazas de asesinato, agresiones sexuales, coacciones y daños graves a la propiedad. Solo en 2024 se documentaron dos homicidios y tres agresiones graves, los niveles más altos en cinco años.
El grupo más afectado por este crecimiento alarmante son los adolescentes de 14 a 17 años, cuyo número como sospechosos pasó de 4 a 26 en el mismo periodo. Por otro lado, la participación de jóvenes adultos (18-20 años) ha disminuido, lo que evidencia una radicalización que empieza cada vez más temprano en determinados entornos sociales.
Este fenómeno no se limita a Baden-Württemberg. La Oficina Federal de Policía Criminal (BKA) reportó más de 1.500 delitos islamistas en toda Alemania en 2024, y uno de cada cinco sospechosos era menor de edad, triplicando la proporción de hace diez años. La Oficina para la Protección de la Constitución (BfV) también documentó 1.694 delitos políticos motivados por religión, de los cuales 1.397 estaban directamente relacionados con el islamismo radical.
Durante los primeros seis meses de 2025, casi el 99 % de los casos de terrorismo de alta peligrosidad en Alemania estuvieron vinculados a extremistas islamistas o ciudadanos extranjeros, lo que confirma que la amenaza ha pasado de ser marginal a estructural.
Las autoridades locales alertan sobre la necesidad de incrementar la vigilancia en mezquitas, asociaciones culturales y ONG financiadas con fondos públicos, muchas de las cuales pueden servir como plataformas de adoctrinamiento. Baden-Württemberg se ha convertido en un laboratorio del nuevo radicalismo islámico, impulsado por redes juveniles, predicadores itinerantes y canales digitales de propaganda.












