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Bélgica camino de convertirse en un narcoestado con una deuda insostenible y un 60% de paro extranjero

El multiculturalismo ha destruido al país europeo

En apenas tres décadas, Bélgica ha pasado de ser un país próspero con futuro asegurado a mediados de los años 90, a convertirse en un ejemplo de estancamiento institucional, desequilibrios financieros y creciente inseguridad. La diferencia con Países Bajos, su vecino económico, es hoy cada vez más evidente.

De país modelo a riesgo financiero

En 1995, Bélgica y Países Bajos tenían niveles de renta per cápita muy similares, situándose entre las economías más avanzadas de Europa, justo cuando el euro empezaba a consolidarse. Sin embargo, mientras Países Bajos ha mantenido estabilidad económica y crecimiento constante, Bélgica acumula déficits y problemas estructurales que alejan al país del núcleo sólido europeo.

A pesar de contar con ingresos medios relativamente altos —alrededor de 60.000 dólares por habitante—, la brecha con los holandeses ha superado ya los 13.000 dólares. Más allá de los números, la percepción general es la de un Estado desordenado, ubicado en una de las regiones más ricas del continente pero rodeado de países mucho más estables.

Desempleo y fragmentación social

Bélgica enfrenta problemas típicos de algunos países del sur de Europa: déficit persistente, deuda elevada, infraestructura envejecida y un mercado laboral rígido. Un dato especialmente preocupante es que cerca del 60% de los desempleados son de origen extranjero, lo que refleja dificultades en la integración laboral y social, generando tensiones estructurales en el país.

Crecimiento del crimen organizado

Esta situación ha facilitado el auge del crimen organizado. Magistrados y analistas advierten que Bélgica podría estar acercándose a un “narcoestado”. Según un juez de Amberes, las redes criminales no solo se limitan a la delincuencia común, sino que están penetrando instituciones clave, incluida la policía y el sistema judicial.

Amberes, con el segundo puerto más grande de Europa, se ha convertido en una de las principales rutas de entrada de cocaína al continente. Investigaciones recientes han descubierto sofisticadas operaciones de blanqueo de dinero y una economía paralela vinculada al tráfico de drogas y la actividad portuaria.

Inestabilidad política y fiscal

Bruselas refleja esta crisis institucional: retrasos en proyectos de infraestructura, congelación de subvenciones, incertidumbre en servicios sociales y un endeudamiento creciente. La compleja estructura política del país —múltiples niveles de gobierno, sistemas educativos separados y cuerpos policiales fragmentados— encarece la gestión y dificulta la coordinación.

El gobierno de Bart De Wever, formado tras siete meses de negociaciones en 2025, enfrenta dificultades para aprobar presupuestos estables. Los riesgos incluyen repetir sistemas de duodécimas provisionales en 2026 o incluso un posible colapso gubernamental durante las negociaciones presupuestarias.

Una brecha norte-sur que bloquea reformas

El país está profundamente dividido: el norte flamenco es más rico y dinámico, mientras que el sur francófono enfrenta mayor desempleo y menor renta. Esta desigualdad dificulta acuerdos de gran calado y complica cualquier intento de reforma estructural.

Las proyecciones fiscales tampoco son alentadoras: el déficit público podría superar el 5% del PIB en 2025 y mantenerse alto en los próximos años, mientras la deuda pública, que ya ronda el 107% del PIB, sigue en ascenso. Esto acerca a Bélgica a un escenario similar al de Francia, con déficit elevado y poco margen de maniobra.

Conclusión

Bélgica, que hace tres décadas era sinónimo de estabilidad y prosperidad, hoy enfrenta un escenario complejo: fragmentación política, debilidad financiera y crecimiento del crimen organizado. La advertencia de expertos sobre el riesgo de convertirse en un narcoestado refleja la pérdida de control del Estado sobre sus instituciones y la urgencia de reformas profundas para recuperar estabilidad.

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