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Ubrique blinda su río contrarreloj para evitar derrumbes mientras el agua sigue bajando con fuerza

Ubrique vive horas críticas. Con el río creciendo día tras día y el subsuelo saturado por lluvias persistentes, los bomberos han tenido que intervenir de urgencia para evitar un escenario más grave: desprendimientos de rocas, ramas y muros que podrían agravar las inundaciones y poner en riesgo viviendas y personas.

Efectivos del Consorcio de Bomberos de la provincia de Cádiz trabajan desde hace días en la colocación de mallas de contención a lo largo del cauce del río a su paso por Ubrique. El objetivo es claro: que la corriente fluya lo más limpia posible y no arrastre materiales que acaben taponando el alcantarillado o provocando nuevos derrumbes.

Un río que ya no admite errores

CONSORCIO DE BOMBEROS DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ

El problema no es solo la cantidad de agua, sino la velocidad y la fuerza con la que baja. Las borrascas Leonardo y Marta han convertido el río de Ubrique en un canal imparable que arrastra ramas, piedras y tierra acumulada durante meses.

En los últimos días, los bomberos ya han retirado cinco grandes árboles del cauce y han desbrozado la maleza de las orillas. Son trabajos poco vistosos, pero decisivos. Cada tronco que se queda atascado puede actuar como un tapón y provocar que el agua se desborde hacia calles y viviendas.

Las mallas instaladas ahora funcionan como una última barrera. Retienen desprendimientos antes de que caigan al río y permiten controlar mejor el flujo del agua en un momento en el que cualquier obstrucción puede tener consecuencias inmediatas.

El subsuelo saturado y el riesgo invisible

Uno de los factores que más preocupa a los técnicos es el estado del terreno. Tras días de lluvia continuada, el subsuelo ya no absorbe más agua. Eso debilita taludes, muros de contención y cimentaciones.

Un ejemplo claro se produjo en la trasera de una guardería, donde se desprendió parte del muro de contención del río. Desde entonces, los trabajos se han intensificado en esa zona, apuntalando estructuras y reforzando los márgenes para evitar nuevos colapsos.

La maquinaria pesada apenas puede acceder a algunos puntos. El riesgo de hundimiento del terreno es real. Por eso, los operarios trabajan con pasamanos y líneas de vida instaladas específicamente para esta intervención, una medida que refleja hasta qué punto la situación es delicada.

Achiques, sacos de arena y calles convertidas en canales
Además de actuar en el río, los bomberos están desplegados por todo el municipio. Achican agua de viviendas, locales y equipamientos públicos, canalizan corrientes que bajan por las calles y colocan grandes sacos de arena para proteger edificios y taludes.

En calles como San Martín se han instalado maderas y elementos de contención para dirigir el agua y evitar que se acumule en puntos críticos. Es un trabajo constante, casi artesanal, que se repite una y otra vez conforme cambian las condiciones.

En paralelo, se ayuda a los vecinos a gestionar filtraciones de agua en sus casas, un problema cada vez más común cuando el terreno está empapado y el nivel freático sube hasta zonas donde nunca había llegado.

Desalojos preventivos y recomendaciones claras

Como medida preventiva, se ha desalojado a algunos vecinos de viviendas especialmente expuestas. A otros se les ha recomendado permanecer en las zonas más altas de sus casas mientras persistan las lluvias.

No se trata de alarmismo, sino de anticipación. El agua que cae en localidades como Grazalema y Villaluenga del Rosario acaba descendiendo hacia Ubrique. Lo que ocurre río arriba condiciona directamente la situación en el municipio.

Por eso, aunque en Ubrique deje de llover durante unas horas, el caudal puede seguir aumentando. Es una realidad que obliga a mantener la vigilancia constante, día y noche.

El temor a cortes de servicios básicos

Entre las previsiones más preocupantes está la posible caída de líneas de suministro. Los bomberos han advertido del riesgo de interrupciones tanto en la telefonía como en los datos de internet debido a los efectos acumulados de la borrasca.

Las infraestructuras también sufren. El agua no solo entra en casas y calles; erosiona apoyos, debilita conducciones y pone a prueba redes que no están diseñadas para soportar esta presión durante tantos días seguidos.

Una lucha contra el tiempo y el cansancio

Los efectivos desplegados en Ubrique llevan jornadas enteras de trabajo continuo. Cada actuación busca ganar tiempo, reducir riesgos y evitar un daño mayor. No es una intervención puntual, es una carrera de fondo mientras el cielo no da tregua.

El cansancio se nota, pero también la coordinación con operarios municipales y otros servicios de emergencia. En situaciones así, cada decisión cuenta y cada error se paga caro.

Ubrique ante un escenario cada vez más frecuente

Lo que está ocurriendo en Ubrique no es un episodio aislado. Cada vez son más comunes las lluvias intensas y prolongadas que saturan el terreno y ponen al límite a pueblos enteros.

La colocación de mallas, los desalojos preventivos y los achiques constantes son medidas de emergencia, no soluciones definitivas. Pero hoy por hoy son la única forma de contener una situación que cambia hora a hora.

Mientras el río siga bajando con fuerza y el subsuelo no recupere su capacidad de absorción, Ubrique seguirá en alerta. Y con ella, unos bomberos que trabajan para que lo peor no llegue a ocurrir.

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