La tensión en el sector primario español ha vuelto a estallar. El campo español se prepara para una jornada de lucha sin precedentes con la convocatoria de treinta nuevas tractoradas que recorrerán la geografía nacional este jueves 29 de enero.
Los agricultores y ganaderos denuncian una situación de asfixia que consideran insostenible. La combinación de costes de producción disparados, exigencias burocráticas europeas y una competencia desleal de terceros países ha llevado al sector al límite.
Esta nueva oleada de protestas busca paralizar las principales arterias de comunicación del país. Es un grito de auxilio de quienes producen los alimentos de todos los españoles y ven cómo su medio de vida desaparece ante la pasividad del Gobierno.
Calendario de movilizaciones para el jueves 29 de enero
Las organizaciones agrarias han coordinado un calendario de treinta tractoradas distribuidas estratégicamente por todo el territorio nacional. Se espera que las movilizaciones afecten tanto a grandes capitales como a nudos logísticos fundamentales.
Los organizadores advierten que esta jornada será solo el principio de una serie de acciones si no hay una respuesta inmediata de las autoridades. El objetivo es dar visibilidad a un sector que se siente abandonado por las agendas políticas actuales.
La coordinación entre las diferentes regiones es total. Desde el norte hasta el sur de España, los tractores volverán a las carreteras para exigir respeto y un futuro digno para el mundo rural que agoniza silenciosamente.
Denuncias por los costes de producción insoportables
Uno de los principales motivos de esta rebelión es el aumento incontrolado de los costes. El precio del gasóleo, los fertilizantes y la energía eléctrica ha mermado la rentabilidad de las explotaciones familiares de forma dramática.
Muchos agricultores denuncian que están trabajando a pérdidas. No pueden repercutir el aumento de los costes en el precio final de sus productos por la presión de las grandes cadenas de distribución y la falta de aplicación real de la Ley de la Cadena Alimentaria.
Esta asfixia económica está provocando el cierre de miles de granjas y el abandono de tierras de cultivo. Es una realidad que afecta directamente a la soberanía alimentaria de nuestra nación y que parece no importar en los despachos oficiales.
Rechazo frontal a la burocracia de la Agenda 2030
El campo también se levanta contra las imposiciones de la Agenda 2030 y las políticas verdes de Bruselas. Los agricultores consideran que las exigencias medioambientales son, en muchos casos, absurdas y alejadas de la realidad del terreno.
Denuncian que se les está pidiendo producir más con menos herramientas, mientras se abren las fronteras a productos de países que no cumplen ninguna de estas normativas. Es lo que califican como una competencia desleal permitida por el Gobierno de Pedro Sánchez.
Al igual que ocurre con otras imposiciones ideológicas que afectan a la educación y los valores de nuestras familias, el sector primario rechaza ser el laboratorio de experimentos de las élites globalistas.
La competencia desleal de terceros países sin control
La entrada masiva de productos extracomunitarios sin los controles fitosanitarios que se exigen en España es otro punto de fricción. Los agricultores exigen cláusulas espejo que garanticen una competencia justa en los lineales de los supermercados.
Consideran una hipocresía que se prohíban ciertos productos en Europa pero se permita importar alimentos tratados con esas mismas sustancias. Esta situación pone en riesgo no solo la economía rural, sino también la salud de los consumidores españoles.
La defensa de nuestro producto nacional debe ser una prioridad estratégica. En sectores como el impulso tecnológico e industrial nacional, España demuestra capacidad, pero el campo sigue siendo el gran olvidado por la falta de un patriotismo económico real.
Inquietud por el relevo generacional en el campo
La falta de rentabilidad y el exceso de burocracia están ahuyentando a los jóvenes del sector primario. Sin un relevo generacional garantizado, el futuro de la agricultura y la ganadería en España es muy oscuro.
Los hijos de agricultores prefieren emigrar a las ciudades en busca de trabajos menos sacrificados y con mayor estabilidad económica. El campo se está quedando vacío y con él desaparece una parte fundamental de nuestra historia y cultura nacional.
Es urgente establecer incentivos reales y eliminar trabas para que los jóvenes vean el campo como una opción de vida viable. No solo se trata de economía, sino de mantener el tejido social de la España rural que sustenta gran parte del país.
El riesgo de parálisis en el transporte por carretera
Las tractoradas previstas para este jueves tendrán un impacto directo en el transporte de mercancías. Se prevén cortes en las principales autovías y accesos a puertos y centros de distribución logística repartidos por todo el país.
El sector del transporte, que también sufre las consecuencias de los altos costes energéticos, mira con atención estas protestas. Aunque el desabastecimiento no es el objetivo inmediato, los retrasos en las entregas serán inevitables durante toda la jornada.
Esta situación de desorden social es el resultado de la falta de diálogo efectivo del Gobierno con los sectores productivos. La política de oídos sordos ha llevado a que la única salida sea ocupar las carreteras para ser escuchados.
Conclusiones ante la gran tractorada nacional
La movilización de este jueves es un síntoma de una enfermedad profunda en la gestión de nuestra nación. El campo español, tradicionalmente paciente, ha dicho basta y ha decidido llevar sus reivindicaciones a las puertas de las capitales.
España necesita una protección real para sus productores. Mientras se discuten medidas ideológicas en el Parlamento, quienes llenan nuestras despensas están al borde de la quiebra técnica por decisiones tomadas a miles de kilómetros.
El futuro de nuestro país se decide también en sus campos y granjas. La defensa de la agricultura nacional es la defensa de la soberanía de España frente a quienes pretenden convertir nuestro mundo rural en un parque temático o en un erial abandonado.












