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Tomate marroquí desata la guerra en Europa tras desaparecer misteriosamente los datos oficiales de importación

La crisis del tomate marroquí ha estallado en pleno invierno y ha puesto en pie de guerra al sector hortofrutícola europeo. Los datos oficiales de importación desde Marruecos prácticamente han desaparecido de las estadísticas comunitarias desde octubre de 2025. Y el campo español ya no aguanta más.

La propia Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea ha reconocido que, debido al retraso en la transmisión de datos por parte de algunas autoridades aduaneras, las cifras de importación están “muy por debajo del nivel habitual”. Una explicación técnica que no convence a productores ni exportadores.

Porque mientras los gráficos oficiales se vacían, los camiones siguen entrando.

El tomate marroquí que no aparece en las estadísticas

Las cifras son tan llamativas que han encendido todas las alarmas.

En octubre de 2025, la Unión Europea registró solo 8.497 toneladas de tomate procedente de Marruecos y el Sáhara Occidental. La media entre 2020 y 2024 en ese mismo mes fue de 66.675 toneladas. En octubre de 2024 se alcanzaron 71.463 toneladas.

En noviembre de 2025 se declararon 11.164 toneladas frente a las 71.643 del año anterior. En diciembre, 12.875 toneladas frente a las 65.500 de diciembre de 2024.

¿Se han desplomado realmente las exportaciones marroquíes? El sector lo niega tajantemente. Los envíos continúan llegando con normalidad a los mercados comunitarios.

Entonces, ¿dónde están los datos?

El sector denuncia opacidad y exige transparencia

La crisis del tomate marroquí no es solo estadística. Es política y económica.

Andrés Góngora, responsable estatal de Frutas y Hortalizas de COAG, advierte de que el problema va más allá de un simple retraso administrativo. Señala además la modificación negociada en noviembre sobre las normas de comercialización de frutas y hortalizas con Marruecos.

Según el sector, esa modificación introduce una excepción inédita en el etiquetado del país de origen. En un mercado donde el consumidor exige cada vez más transparencia, este cambio genera sospechas.

Desde Fepex, su director Ignacio Antequera insiste en que la falta de información impide conocer el efecto real de la modificación del acuerdo entre la UE y Marruecos aprobada en octubre. Un acuerdo que amplía las preferencias arancelarias a productos del Sáhara Occidental y que ya fue rechazado por buena parte del campo español.

El problema es claro: si no hay datos fiables, no hay control real del mercado.

Una ofensiva conjunta en Europa

La crisis del tomate marroquí ha unido a regiones productoras que históricamente competían entre sí.

El grupo de contacto del tomate de Francia, Italia, Portugal y España, reunido este mes de febrero, ha denunciado que el acuerdo con Marruecos ya ha causado graves daños al sector español.

Por primera vez en años, los productores europeos hablan con una sola voz.

Además, la federación de exportadores españoles ha lanzado la campaña “We Tomato Europe, Don’t Betray UE Tomato” para defender la producción comunitaria y reclamar una política comercial coherente.

No se trata solo de precios. Se trata de reglas del juego.

El miedo real detrás de la crisis del tomate marroquí

Detrás de la batalla por las estadísticas hay un temor mucho mayor:

• Pérdida de competitividad frente a países con menores costes laborales
• Falta de reciprocidad en estándares fitosanitarios
• Distorsión del mercado por ventajas arancelarias
• Dificultad para planificar campañas sin datos reales

El tomate no es un producto cualquiera. Es uno de los pilares de la agricultura intensiva en regiones como Andalucía, Murcia o Canarias. Miles de empleos dependen de él.

Y en plena campaña, la incertidumbre es dinamita.

Si los datos oficiales no reflejan la realidad, el sector considera que el mercado queda desprotegido.

¿Error administrativo o fallo estructural?

Desde Bruselas insisten en que no hay nada oculto. Simplemente algunos países no están reportando las cantidades en plazo.

Pero el sector no entiende cómo un sistema estadístico comunitario puede fallar durante varios meses consecutivos en uno de los productos más sensibles del calendario hortofrutícola.

La crisis del tomate marroquí llega, además, en un contexto de creciente tensión en el campo europeo, marcado por protestas, exigencias de cláusulas espejo y demandas de mayor protección frente a importaciones extracomunitarias.

La pregunta que se hacen muchos productores es directa: ¿quién controla realmente el mercado?

Un pulso que puede ir a más

Si la Comisión Europea no restablece de forma inmediata la normalidad estadística, el conflicto puede escalar.

El sector ya ha iniciado contactos institucionales y no descarta nuevas acciones si no obtiene respuestas claras. La campaña está en marcha y cada semana sin datos añade más presión.

Porque más allá de cifras y gráficos, lo que está en juego es la confianza.

Confianza en las instituciones.
Confianza en las reglas del mercado.
Confianza en que competir sea justo.

Y cuando esa confianza desaparece, el campo responde.

La crisis del tomate marroquí no es solo una polémica comercial. Es un síntoma de un modelo agrícola europeo que muchos consideran en desequilibrio.

La próxima actualización de datos será clave. Si las cifras vuelven a la normalidad, Bruselas respirará. Si no, el conflicto apenas habrá comenzado.

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