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La pesadilla del Ozempic – El efecto rebote que devuelve la obesidad y hunde el corazón en un año

Lo que comenzó como una revolución médica y terminó convirtiéndose en una obsesión estética de Hollywood y redes sociales está empezando a mostrar su cara más amarga. Los fármacos análogos del GLP-1, como **Ozempic, Wegovy y Mounjaro**, han permitido a millones de personas perder peso de manera vertiginosa, pero un nuevo y exhaustivo metaanálisis publicado en el *British Medical Journal (BMJ)* ha encendido todas las alarmas. La conclusión es tan clara como aterradora: el efecto rebote tras abandonar estos medicamentos no solo es real, sino que es más agresivo de lo que se pensaba, borrando de un plumazo los beneficios para el corazón en menos de un año.

El estudio, que ha seguido a miles de pacientes durante el último trienio, revela que la recuperación del peso es la norma y no la excepción. Al dejar de inyectarse semaglutida o tirzepatida, el organismo experimenta una compensación metabólica feroz. Los pacientes recuperan el peso perdido a un ritmo medio de **0,8 kilos por mes**, regresando a su estado inicial de obesidad en aproximadamente 18 meses. Pero el peso es solo la punta del iceberg; lo que realmente preocupa a la comunidad científica es la implosión de la salud cardiovascular.

El corazón, la víctima invisible del cese del tratamiento

Durante el uso de estos fármacos, los niveles de colesterol, la presión arterial y la inflamación sistémica descienden de forma notable. Es lo que se vendió como el «escudo cardiovascular» definitivo. Sin embargo, el metaanálisis del BMJ demuestra que estos indicadores se disparan de nuevo apenas 1,4 años después de la última dosis. El rebote hipertensivo y la vuelta a niveles de colesterol de riesgo dejan al paciente en una situación de vulnerabilidad extrema, a menudo peor que la que tenían antes de iniciar el tratamiento debido al «estrés metabólico» del sube y baja de peso.

Diego Bellido, uno de los endocrinólogos más prestigiosos de nuestro país, ha sido tajante al respecto: «Estamos tratando una enfermedad crónica como si fuera un evento puntual. La obesidad es para toda la vida». El problema radica en que el **50% de los usuarios abandona el fármaco antes de cumplir el primer año**, ya sea por los efectos secundarios gastrointestinales, por el elevado coste o por la creencia de haber alcanzado su objetivo estético. Al hacerlo, el cerebro —que ha estado silenciado por el fármaco— activa todas las señales de hambre para recuperar lo que considera una reserva de energía perdida.

La trampa de la solución fácil y el fracaso de la salud pública

El auge de estos medicamentos ha eclipsado las políticas de prevención y salud pública. Expertos de Harvard, como el profesor Qi Sun, advierten que estamos medicalizando un problema que es social y ambiental. «Inyectar fármacos a toda la población mientras el acceso a comida saludable sigue siendo un lujo es una batalla perdida», señala Sun. El efecto rebote del Ozempic es la demostración de que el cuerpo humano tiene mecanismos de supervivencia milenarios que un fármaco semanal no puede reprogramar de forma permanente sin un cambio drástico en el entorno y el estilo de vida.

Además, existe un riesgo psicológico silenciado. La frustración de ver cómo los kilos regresan con intereses, sumada a la pérdida de la sensación de saciedad artificial, está provocando un aumento de trastornos de la conducta alimentaria y cuadros depresivos vinculados a la imagen corporal. La «promesa mágica» se rompe, y lo que queda es un metabolismo confundido y un sistema cardiovascular que ha sufrido un desgaste innecesario en un proceso de ida y vuelta.

¿Qué debemos hacer a partir de ahora?

La comunidad médica pide que los análogos del GLP-1 dejen de verse como una vía rápida para lucir mejor en verano y se traten con la seriedad que requiere una medicación crónica. Si no existe un compromiso de uso continuado (en muchos casos permanente) y un apoyo psicoterapéutico y nutricional, el riesgo de efecto rebote hace que la intervención no sea rentable ni saludable para el paciente.

El 2026 marcará el año en que la regulación de estos fármacos sea mucho más estricta para uso puramente estético. La salud cardiovascular de una generación está en juego. Como demuestra el estudio del BMJ, no hay atajos para la salud del corazón que no pasen por la sostenibilidad a largo plazo. Ozempic es una herramienta poderosa, pero mal utilizada se está convirtiendo en la pesadilla de quienes buscaban una salida fácil a una enfermedad tan compleja como la obesidad.

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