Bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, El Helicoide se transformó en una prisión para opositores políticos
En el corazón de Caracas se erige una estructura icónica que encapsula el dramático declive de Venezuela: El Helicoide, un edificio concebido en la década de 1950 como el centro comercial más moderno y ambicioso de América Latina. Sin embargo, nunca abrió sus puertas al público y terminó convirtiéndose en uno de los centros de detención y torturas más notorios del continente.
El proyecto surgió durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, con un diseño innovador en forma de doble espiral, que incluía 300 tiendas, un hotel de lujo, un helipuerto en la azotea y tecnología de punta.
Alabado por figuras como Pablo Neruda, quien lo describió como «una creación exquisita», y admirado por Salvador Dalí, representaba el auge petrolero y el sueño modernista venezolano. Sin embargo, problemas financieros y la caída de la dictadura en 1958 paralizaron la obra, dejando el edificio abandonado durante décadas y convertido temporalmente en refugio para damnificados.
En los años 80, el gobierno ocupó El Helicoide para instalar agencias estatales, y desde entonces alberga la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN).
Bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, El Helicoide se transformó en una prisión para opositores políticos, donde organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y Foro Penal han documentado torturas sistemáticas: golpizas, descargas eléctricas, asfixia con bolsas plásticas, posiciones de estrés y abusos sexuales.
Exdetenidos y exfuncionarios del SEBIN han descrito celdas hacinadas, conocidas como «El Infiernito» o «Guantánamo»… Y salas de interrogatorio donde se aplican métodos crueles para extraer confesiones.
Este símbolo de represión refleja el autoritarismo y la crisis humanitaria en Venezuela, según expertos como la historiadora Celeste Olalquiaga, quien lo califica como una «ruina anticipada» del progreso nacional.
Cifras alarmantes de presos políticos
Por otro lado, la situación de los presos políticos en Venezuela sigue siendo crítica. Según la ONG Foro Penal, una de las fuentes más confiables en la materia, al cierre de 2025 había 863 presos políticos verificados.
Otras estimaciones de organizaciones internacionales, como Human Rights Watch y la OEA, oscilan entre 700 y 900 en periodos recientes, con picos superiores a 1.900 tras las elecciones de 2024.
Históricamente, Foro Penal ha documentado más de 18.600 detenciones por motivos políticos desde 2014, con un promedio anual de alrededor de 250 presos hasta 2023, aunque la cifra explotó tras las protestas postelectorales de 2024.
Organismos como la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han condenado estas detenciones arbitrarias, muchas acompañadas de torturas y juicios irregulares.
Violaciones de los derechos humanos
Recientes excarcelaciones, como las de decenas de detenidos a inicios de 2026, han sido vistas como gestos insuficientes ante la persistente persecución. Foro Penal exige una amnistía general para liberar a todos los presos y perseguidos políticos, como paso hacia la reconciliación nacional.
El caso de El Helicoide y la realidad de los presos políticos ilustran las profundas violaciones a los derechos humanos en Venezuela, denunciadas internacionalmente y que continúan generando preocupación global.












