Lo hizo apenas horas después del trágico choque frontal de trenes en Tempe (Grecia) en febrero de 2023, que además más de 80 heridos
En un claro contraste de responsabilidad política, el ministro de Transportes griego, Kostas Karamanlis, presentó su dimisión apenas horas después del trágico choque frontal de trenes en Tempe (Grecia) el 28 de febrero de 2023, que dejó al menos 57 muertos y más de 80 heridos.
Karamanlis, del partido conservador Nueva Democracia, asumió la «responsabilidad política» por los «crónicos errores» acumulados en el sistema ferroviario heleno, reconociendo que los esfuerzos de modernización en sus tres años y medio al frente del ministerio no habían sido suficientes para evitar la catástrofe.
«Dimisión era mi deber y lo menos que podía hacer para honrar la memoria de las víctimas», declaró con honestidad, en un gesto que honró la gravedad del suceso y la tradición de asumir consecuencias cuando fallan infraestructuras vitales bajo su tutela.
España vive su propia tragedia
Tres años después, el 18 de enero de 2026, España vive su propia tragedia ferroviaria en Adamuz (Córdoba): un descarrilamiento seguido de colisión entre un tren Iryo (Málaga-Madrid) y un Alvia (Madrid-Huelva).
El ministro de Transportes, Óscar Puente, compareció rápidamente, pero solo para calificar el siniestro de «tremendamente extraño» y «difícil de explicar«, destacando que ocurrió en una recta, con un tren «prácticamente nuevo» y una vía renovada recientemente con 700 millones de euros invertidos.
Óscar Puente: cero autocrítica
Sin embargo, ni una palabra de autocrítica, ni asunción de responsabilidad política. Puente se limitó a detallar los hechos y a insistir en lo «raro» del accidente, mientras el Gobierno de Pedro Sánchez guarda silencio sobre cualquier consecuencia personal.
Este doble rasero evidencia lo que muchos denuncian: en Grecia, un ministro de derechas dimitió por asumir que el deterioro crónico del ferrocarril —con sistemas manuales obsoletos y fallos estructurales— era responsabilidad suya, aunque el detonante fuera un error humano.
En España, bajo un gobierno de izquierdas, el ministro se atrinchera en excusas técnicas y no dimite pese a las críticas por falta de mantenimiento, incidencias previas ignoradas y un historial de caos en el sector.












