El feudo socialista más resistente de España muestra grietas. Emiliano García-Page, el barón que ha sobrevivido a todas las mareas, podría estar ante sus últimos días en el Palacio de Fuensalida. Una encuesta publicada por El Debate revela que, aunque Page sigue siendo el candidato individual más votado con un 40,5% de los sufragios, la aritmética parlamentaria le da la espalda. El desgaste de la marca PSOE a nivel nacional está arrastrando incluso a sus figuras más críticas.
Los datos son claros: el Partido Popular subiría hasta los 15 o 16 escaños, y Vox se consolidaría con 2 o 3 diputados. La suma de las derechas alcanzaría una horquilla de 17-18 escaños, superando la mayoría absoluta necesaria para gobernar. Es el escenario «a la andaluza» o «a la valenciana» que tanto temen en Ferraz, donde perder Castilla-La Mancha sería un golpe simbólico letal.
Toledo y Ciudad Real, claves
El cambio de color político se cocina en las provincias clave. Toledo y Ciudad Real, tradicionales graneros de voto socialista, están virando hacia el bloque conservador. La gestión de Page, aunque bien valorada personalmente, no parece suficiente para frenar la ola de cambio que impulsa la oposición, centrada en atacar las alianzas nacionales del PSOE. Si las elecciones fueran hoy, el «verso suelto» del socialismo español pasaría a la oposición.
Posibles pactos y bloqueo institucional
Aunque Emiliano García-Page seguiría siendo el candidato más votado en términos individuales, el reparto de escaños abre la puerta a un escenario de bloqueo o de gobierno alternativo. La suma del Partido Popular y Vox permitiría articular una mayoría suficiente para investir presidente, incluso sin que ninguna de las dos formaciones logre una victoria clara por separado. Este tipo de alianzas ya se ha materializado en otras comunidades, y en Castilla-La Mancha no existe un cordón sanitario formal que lo impida.
El factor nacional pesa más que el liderazgo regional
Uno de los elementos que más preocupa al entorno de Page es que su perfil crítico con la dirección federal del PSOE ya no actúa como cortafuegos electoral. La campaña de la oposición está consiguiendo nacionalizar el debate, vinculando la gestión autonómica a las decisiones del Gobierno central.
En ese contexto, la buena valoración personal del presidente regional no compensa el desgaste acumulado de la marca PSOE, especialmente en un ciclo político marcado por la polarización y el voto de castigo.











