La llamada “cultura woke” vuelve a protagonizar un nuevo escándalo en Estados Unidos. Una enfermera del prestigioso hospital universitario Virginia Commonwealth University Health (VCU Health), en Richmond (Virginia), fue despedida tras difundir vídeos en TikTok donde sugería envenenar a agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Su nombre: Malinda Rose Cook, aunque en redes usaba el alias @mindarose8.
De profesional sanitaria a agitadora radical
En varios vídeos publicados en la plataforma, Cook animaba a otros trabajadores sanitarios a inyectar a los agentes suero salino o succinilcolina, una sustancia que se emplea en entornos médicos para provocar relajación muscular y que puede ser mortal si se administra incorrectamente. En otras grabaciones, incluso pedía a mujeres concertar citas con agentes migratorios para “envenenarlos con laxantes”.
Parte de estos vídeos fueron grabados con su uniforme de enfermera y dentro del hospital, lo que ha incrementado la indignación en redes.
La cuenta que desató la tormenta
El caso saltó a la luz después de que la popular cuenta Libs of TikTok difundiera los vídeos en la red X (antiguo Twitter). En cuestión de horas, los clips alcanzaron decenas de miles de visualizaciones y comentarios.
La enfermera pasó su cuenta a modo privado, pero ya era tarde: su identidad había sido plenamente confirmada.
Despido fulminante y posible investigación penal
La dirección de VCU Health no tardó en reaccionar. En un comunicado oficial confirmó el despido inmediato de Cook y la apertura de una investigación interna, en coordinación con la Policía Universitaria. La institución calificó las publicaciones como “altamente inapropiadas” y contrarias a los valores del hospital.
El centro aseguró que Cook tiene prohibido el acceso a las instalaciones mientras se evalúan responsabilidades adicionales, y recordó que los profesionales sanitarios están obligados por el juramento hipocrático a “no causar daño”.
La deriva del extremismo ideológico en la sanidad
El episodio ha reavivado el debate sobre la infiltración de la ideología woke en instituciones públicas y sanitarias, un fenómeno que, según analistas, está deteriorando la confianza en el sistema médico y en la neutralidad profesional.
Casos similares ya se han visto en Europa, como el del uniforme “woke” de Eurostar que permitía a los empleados hombres vestir falda (ver noticia completa), o las denuncias por adoctrinamiento LGTBI en contenidos dirigidos a menores (más detalles aquí).
La reacción ciudadana en Estados Unidos ha sido contundente: exigen sanciones ejemplares y mayor control sobre el contenido que los profesionales de la salud publican en redes, especialmente cuando se trata de discursos que incitan a la violencia.
La línea que separa la libertad de expresión del delito
Aunque algunos grupos progresistas han tratado de justificar sus palabras como una “provocación irónica”, el sistema judicial estadounidense podría imputarle delitos de incitación al odio y amenazas públicas, especialmente dado que sus declaraciones se dirigían a agentes federales.
Expertos legales recuerdan que, en un país donde los profesionales sanitarios manejan sustancias letales, “bromear con envenenar a alguien no tiene nada de gracioso”.
Una muestra del clima social en EE.UU.
Este caso refleja el clima de polarización ideológica extrema que atraviesa Estados Unidos, donde incluso ámbitos como la medicina o la educación se ven contaminados por la militancia política.
El fenómeno se inscribe en una ola de radicalización creciente, que ha generado también reacciones violentas de grupos de extrema izquierda en redes y en universidades.












