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España tira en un mes al mar el agua del consumo de todo un año

Las intensas lluvias de marzo habrían permitido almacenar 6.000 hectómetros cúbicos de agua, el equivalente al consumo de toda la población en un año, si se hubieran construido las presas y embalses contemplados en el Plan Hidrológico Nacional (PHN) de 2001. Sin embargo, la falta de infraestructuras ha provocado que este recurso se haya vertido al mar sin ser aprovechado.

Un plan paralizado y sus consecuencias

El PHN, promovido por el Gobierno de José María Aznar, preveía la construcción de 863 infraestructuras hídricas, incluyendo trasvases, canalizaciones, presas y embalses. Sin embargo, tras la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, el plan fue derogado parcialmente, incluyendo el trasvase del Ebro y varias canalizaciones clave para abastecer comunidades como Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía.

A día de hoy, sólo 29 proyectos siguen adelante, con una capacidad de almacenamiento de 3.400 hectómetros cúbicos, mientras que casi 70 embalses y presas han sido descartados. Esta situación ha generado un grave problema de gestión del agua, especialmente en regiones afectadas por sequías recurrentes.

Infraestructuras clave sin ejecutar

Entre las presas y embalses que no se han construido destacan:

  • Embalse de Marquesado (240 hm³) en el río Magro.
  • Presa de Vilamarxant (40 hm³), diseñada para evitar riadas en Camp de Turia y l’Horta.
  • Presa de Estubeny en el río Sellent y la de Montesa (15 hm³).
  • Presa de Cheste, proyectada en 2004 en el barranco del Poyo, cuya crecida causó graves inundaciones en octubre de 2024.
  • Presas de la Rambla de Lébor (15 hm³) y Torregorda (10 hm³) en la Región de Murcia, fundamentales para el regadío.
  • Embalses de Biscarrués (200 hm³) y Jánovas (86 hm³) en Aragón, cruciales para la gestión hídrica del Ebro.

El impacto de la falta de embalses

El pasado mes de octubre, las inundaciones en la Comunidad Valenciana demostraron la necesidad de infraestructuras para regular el caudal de los ríos. Valencia se salvó gracias a su plan de desvío del Turia, ejecutado tras la riada de 1957. Sin embargo, en otras zonas, la falta de presas contribuyó a la gravedad del desastre.

En el caso de Barcelona, la falta de alternativas ha llevado a estudiar soluciones como el transporte de agua en barcos desde la planta desaladora de Sagunto. Esta problemática podría haberse evitado si se hubiera ejecutado el trasvase del Ebro, diseñado para abastecer regiones del Levante español.

Un futuro incierto

El Ministerio para la Transición Ecológica ha rescatado algunos proyectos, como:

  • Embalse de Gibralmedina (70 hm³), clave para la Costa del Sol y Campo de Gibraltar.
  • Recrecimiento del embalse de Yesa, que aumentará su capacidad de 400 a 1.500 hm³.
  • Embalse de Mularroya (103 hm³), que tras años de retraso estará operativo próximamente.

Sin embargo, expertos como la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) consideran insuficientes estas medidas y reclaman un Pacto Nacional del Agua para evitar futuras crisis hídricas en un país donde las sequías son cada vez más frecuentes.

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