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El SMI golpea al pequeño empresario y hunde el empleo doméstico y agrario mientras miles de autónomos dejan de contratar

La nueva subida del SMI ya es oficial y vuelve a reabrir una herida silenciosa en el mercado laboral. El salario mínimo sube hasta los 1.221 euros brutos en 14 pagas en 2026, pero mientras el Gobierno celebra el incremento acumulado del 66% desde 2018, los datos muestran otro efecto menos visible: miles de autónomos han dejado de contratar y sectores como el empleo doméstico y el campo pierden trabajadores.

El número de autónomos que ejercen como empleadores se ha reducido en 36.537 personas en los últimos siete años. La cifra no es menor. Es una señal estructural.

La subida del SMI y el coste real para el empleador

El incremento anunciado supone 37 euros más al mes para el trabajador, es decir, 518 euros adicionales al año.

Pero para el empleador la cuenta no termina ahí.

Según los cálculos empresariales, a esa subida hay que añadir aproximadamente 172 euros más al año en cotizaciones sociales.

El resultado es un aumento directo de costes laborales que impacta especialmente en:

  • Autónomos con uno o dos empleados.
  • Sectores con márgenes estrechos.
  • Actividades intensivas en mano de obra poco cualificada.

Mientras el presidente del Gobierno pidió públicamente a la patronal que “cumpla su parte y pague más”, la CEOE volvió a rechazar la medida y no acudió al acto oficial de firma.

El desplome de los autónomos empleadores

Los datos de ATA reflejan una tendencia clara.

En los últimos siete años:

  • 36.537 autónomos han dejado de tener trabajadores a su cargo.
  • Los autónomos con un solo empleado han caído más de un 10%.
  • Se reduce la base de pequeños empleadores que sostienen buena parte del tejido productivo local.

El problema no es solo la subida puntual. Es la acumulación de incrementos.

Desde 2018, el SMI ha pasado de 735 euros a 1.221 euros en 14 pagas. Ocho subidas consecutivas.

Para negocios con escaso margen, cada incremento reduce la capacidad de contratar o incluso de mantener puestos existentes.

El empleo doméstico se desploma

Uno de los sectores más afectados es el régimen de empleadas de hogar.

Desde enero de 2019 hasta enero de este año:

  • Se han perdido 62.784 afiliaciones en este régimen.

En un sector donde el SMI marca la referencia salarial directa, cualquier incremento repercute de forma inmediata en el coste para familias empleadoras.

La consecuencia no siempre es más salario formal.

En muchos casos, es la reducción de horas o la salida hacia la economía sumergida.

El campo pierde más de 127.000 afiliados

La agricultura es otro de los sectores donde el salario mínimo tiene impacto directo.

En comparación con enero de 2019:

  • Hay 127.905 afiliados menos en el sector agrario.

El campo opera con márgenes ajustados y fuerte competencia internacional. El aumento continuado de costes laborales coincide con una reducción significativa de trabajadores afiliados.

El ajuste, según denuncian organizaciones empresariales, se traduce en menos contrataciones o sustitución por mecanización cuando es posible.

El choque político

Mientras la ministra de Trabajo asegura que “la gran mayoría de empresarios” la felicitan por la subida del SMI, las organizaciones empresariales hablan de asfixia fiscal, incremento de cargas administrativas y pérdida de empleo creado por autónomos.

El Gobierno defiende que el aumento mejora el poder adquisitivo y reduce la precariedad.

Los críticos sostienen que la mejora salarial inmediata tiene un coste oculto en destrucción de empleo en sectores vulnerables.

¿Más salario o menos empleo?

El debate de fondo es estructural.

El SMI beneficia a quienes lo cobran.

Pero cuando el coste total supera la capacidad de pago del pequeño empleador, el ajuste no es teórico.

Se traduce en:

  • Menos contrataciones.
  • Reducción de horas.
  • Cierre de pequeños negocios.
  • Pérdida de afiliaciones en sectores sensibles.

El dato de los 36.537 autónomos que han dejado de ser empleadores resume el impacto en el tejido productivo más frágil.

La pregunta que sobrevuela el mercado laboral es si el ritmo de subidas es sostenible para quienes crean empleo desde abajo.

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