Decisión que priva a los aficionados de disfrutar de un espectáculo deportivo y que evidencia cómo grupos radicales logran imponer su agenda política
El Real Madrid Baloncesto se verá privado del apoyo de su afición en el crucial partido de Euroliga contra el Maccabi Tel Aviv, previsto para el jueves 8 de enero en el Movistar Arena.
La Comisión Estatal contra la Violencia ha declarado el encuentro de «alto riesgo», obligando al club a jugar a puerta cerrada tras la recomendación de la Policía Nacional.
Una decisión que priva a los aficionados del Real Madrid de disfrutar de un espectáculo deportivo y que evidencia cómo grupos radicales logran imponer su agenda política sobre el deporte.
Izquierda y activismo propalestino
Más de 250 organizaciones, muchas de ellas vinculadas a la extrema izquierda y al activismo propalestino, han exigido no solo la celebración sin público, sino incluso la suspensión total del partido, alegando un supuesto «blanqueamiento» de Israel.
Estas presiones, que ya lograron lo mismo en el Barça-Maccabi de esta semana, han forzado a las autoridades a ceder ante el miedo a disturbios y manifestaciones violentas en las inmediaciones del pabellón.
Francisco Martín
El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, ha confirmado un despliegue policial masivo para «garantizar la seguridad», reconociendo implícitamente que el riesgo proviene de estos colectivos que utilizan el deporte como campo de batalla ideológico.
El Real Madrid, en un comunicado responsable, ha aceptado la medida para preservar la integridad de jugadores y staff, devolviendo automáticamente el importe de las entradas y compensando a los abonados.
Sin embargo, esta capitulación ante la intimidación envía un mensaje peligroso: el deporte neutral y universal queda secuestrado por minorías radicales que priorizan su odio antisemita disfrazado de solidaridad sobre la libertad de competición.
Mientras en países como Alemania o Serbia los partidos contra equipos israelíes se juegan con normalidad y aforo completo, en España prevalecen las concesiones a la izquierda radical. Aquí no prevalece el deporte puro, sino las injerencias políticas…












