Rivera ha recibido amenazas e insultos que le han obligado a privatizar su perfil, y ha defendido su postura en televisión
El extorero Francisco Rivera Ordóñez, conocido como Fran Rivera, ha vuelto a ser protagonista de un intenso debate público tras publicar un vídeo en Instagram donde agradece al presidente estadounidense Donald Trump por la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro, calificado por él como «un narcoterrorista asesino y cobarde«.
En sus declaraciones, Rivera celebra que Trump haya «puesto la primera piedra para liberar Venezuela» y añade: «No pare ahora, hay que seguir, mire acá, que aquí hay cosas que huelen a chamusquina».
Estas palabras, interpretadas por muchos como una denuncia al Gobierno de Pedro Sánchez y a las supuestas irregularidades que rodean a ciertos sectores políticos en España, han generado una oleada de apoyo entre quienes ven en la acción de Trump un ejemplo de firmeza contra las dictaduras.
Rivera, con vínculos personales en Venezuela, ha insistido en que su mensaje busca destacar el sufrimiento del pueblo venezolano bajo el régimen chavista y exigir responsabilidades a quienes pudieran haberse beneficiado de él.
Denuncia ante Fiscalía
Sin embargo, la izquierda más radical no ha tardado en reaccionar. El exsenador de Compromís, Carles Mulet, ha presentado una denuncia ante la Fiscalía Provincial de Castellón acusando al torero de delitos graves como traición, provocación a delitos contra el orden constitucional o incluso instigación a una intervención extranjera. Mulet califica las declaraciones de Rivera como una «legitimación de una intervención militar» y anima a más denuncias similares.
Expertos jurídicos consultados descartan que las palabras de Rivera, claramente hiperbólicas y en tono crítico, constituyan delito alguno, tratándose de una expresión de libertad de opinión protegida por la Constitución.
Esta denuncia se enmarca en una estrategia habitual de la izquierda para silenciar voces disidentes mediante la judicialización de la política, algo que ya hemos visto en otros casos contra figuras conservadoras.
Rivera ha recibido amenazas e insultos que le han obligado a privatizar su perfil, y ha defendido su postura en televisión, negando cualquier llamada a una invasión y centrándose en la lucha contra el narcoterrorismo. Miles de usuarios en redes lo apoyan, recordando que la verdadera traición sería ignorar las conexiones de ciertos políticos españoles con regímenes como el de Maduro.
Esta polémica evidencia una vez más la intolerancia de la izquierda ante opiniones que cuestionan su narrativa, mientras Trump demuestra con hechos que los dictadores no son intocables.












